Junto con el evento en tiempo real, Netflix estrenará el 27 de marzo el documental BTS: The Return, una mirada al proceso creativo y emocional del grupo tras casi cuatro años de pausa por el servicio militar obligatorio en Corea del Sur. Esta combinación de contenido en vivo + narrativa documental es paradigmática de una nueva táctica de programación: convertir eventos de alto impacto cultural en experiencias globales para el espectador digital.
Históricamente, servicios como Netflix se posicionaron como referentes de video bajo demanda (VOD), con liberación de temporadas completas, algoritmos de recomendación y consumo asincrónico como núcleo de su valor. En los últimos años, sin embargo, ese modelo enfrenta retos: la saturación de catálogos y el aumento de competencia (Disney+, Amazon Prime Video, HBO Max, Apple TV+) han ralentizado el crecimiento de suscriptores.
Las audiencias, especialmente jóvenes y globales, demandan experiencias colectivas que funcionen como hitos culturales compartidos junto al avance tecnológico que posibilita transmisiones con baja latencia, interactividad y métricas más sofisticadas de compromiso en tiempo real.

En este contexto, la incorporación de eventos en vivo — conciertos, deportes, shows especiales — aparece como una vía para revitalizar engagement y expandir la propuesta de valor de los grandes streamers.
Netflix no es el único: Amazon Prime Video pasó varias temporadas de la NFL; YouTube ha convertido sus transmisiones de eventos en espacios donde la audiencia simultánea se cuenta por millones; y plataformas como Twitch o TikTok Live consolidan audiencias en tiempo real con interacción directa. Esta tendencia refleja una convergencia entre modelos tradicionales de TV en vivo y ecosistemas digitales de gran escala.
Los datos más recientes de la firma Nielsen muestran que el consumo de streaming ha alcanzado participaciones sin precedentes frente a la televisión tradicional. Según el informe mensual The Gauge y reportes de industria:
Para Nielsen, estas cifras no solo señalan el éxito de la oferta on demand, sino también la importancia creciente de los contenidos que capturan audiencias simultáneas (en vivo o eventos especiales). La integración de fútbol americano, conciertos o especiales globales recalca que los streamers están forzando una redefinición del espectro audiovisual, donde el live ya no es un dominio exclusivo de la televisión lineal.
La transmisión en vivo del regreso de BTS por parte de Netflix no es un hecho aislado, sino un síntoma de un cambio estructural en cómo las plataformas de entretenimiento digital compiten y buscan relevancia cultural y comercial. En un escenario donde los usuarios ya no esperan pasivamente, sino que buscan experiencias compartidas y momentos eventizados, el live streaming aparece como un puente entre la flexibilidad del consumo bajo demanda y la energía colectiva de la televisión tradicional.
Netflix —y otros servicios— se están reposicionando en ese espacio híbrido: no solo como bibliotecas de contenido, sino como agentes capaces de orquestar y globalizar momentos simultáneos, lo que redefine la competencia en el ecosistema audiovisual mundial.