El punto de inflexión llegó tras la presentación de nuevas herramientas de IA generativa capaces de automatizar funciones que históricamente realizaban aplicaciones empresariales completas. Según Reuters, este avance provocó una fuerte corrección en acciones de compañías de software y servicios de información en Europa y Estados Unidos, ante el temor de que parte de sus ingresos quede expuesta a la sustitución tecnológica.

Casos emblemáticos como Thomson Reuters, RELX o Wolters Kluwer registraron caídas abruptas, no por un deterioro inmediato de sus balances, sino por una pregunta más estratégica: ¿cuánto de su propuesta de valor puede ser replicada —o superada— por agentes de IA generalistas? El mercado empezó a descontar que ciertos modelos basados en licencias, módulos o “asientos por usuario” podrían perder poder de fijación de precios en el mediano plazo.
Paradójicamente, este ajuste ocurre en un contexto de expansión histórica del gasto tecnológico. De acuerdo con Gartner, el gasto global en IT superará los USD 6 billones en 2026, con el software empresarial creciendo a tasas de dos dígitos.
La clave no es cuánto se gasta, sino en qué. Las empresas no están recortando presupuestos, sino reorientándolos: menos software que “ayuda a trabajar” y más tecnología que hace el trabajo directamente. La IA deja de ser un complemento y pasa a ocupar el centro del stack tecnológico.

La reconfiguración no es homogénea. Hay subsectores que aparecen mejor posicionados como ciberseguridad, donde el gasto es inelástico y la complejidad crece con la IA. Ademas, plataformas de datos, gobernanza y observabilidad, claves para controlar sistemas autónomos, tampoco reportan recortes.
A s u vez, software vertical (salud, energía, logística, industria), donde el conocimiento del negocio y los datos específicos son difíciles de replicar, también aparecen fuera del socudon bursátil.

En cambio, quedan bajo presión herramientas horizontales de productividad sin ventajas estructurales y software de análisis o servicios de información cuyo output puede ser parcialmente automatizado por modelos de lenguaje avanzados.
Como sintetiza Reuters, los inversores están empezando a distinguir entre compañías “potenciadas por IA” y aquellas “expuestas a la IA”. Para el mediano plazo, la señal es clara: el software seguirá siendo un pilar de la economía digital, pero no todo el software sobrevivirá igual.