Se trata de la Unidad de Espectrometría de Masas (UEM) del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, que gracias a una inversión cercana al millón de dólares en tecnología de vanguardia puede analizar con altísima precisión anticuerpos monoclonales utilizados en terapias contra el cáncer.

Desde su creación en 2021, bajo la dirección del investigador del CONICET Eduardo Ceccarelli, la UEM se transformó en un nodo donde confluyen investigación científica, innovación tecnológica y vinculación con el sector productivo. Hoy, funciona de manera continua y recibe solicitudes todas las semanas de instituciones y empresas de Argentina y la región.

“La espectrometría de masas nos permite conocer en pocas horas la identidad exacta de miles de moléculas, sus modificaciones químicas y su grado de pureza”, explica Germán Rosano, investigador del CONICET en el IBR y actual director de la UEM. Hasta el momento ya realizaron casi 250 servicios y analizaron alrededor de 2.000 muestras, con costos competitivos y asesoramiento personalizado, evitando el envío de material al exterior.

El salto cualitativo llegó con la incorporación del módulo BioPharma, que permite analizar proteínas intactas de gran tamaño, algo clave para validar biosimilares y anticuerpos monoclonales complejos. Esto posiciona a la UEM como el único proveedor de este tipo de análisis en Argentina y en gran parte de América del Sur.
Este avance resulta central en un contexto donde las patentes de medicamentos biológicos comienzan a vencer y se vuelve indispensable demostrar que los nuevos biosimilares son estrictamente equivalentes a los originales en estructura, modificaciones y seguridad. La espectrometría de masas es, en este campo, el estándar de oro internacional.

Además, la UEM trabaja con anticuerpos conjugados, terapias que combinan anticuerpos con drogas altamente potentes para atacar células tumorales con mayor eficacia y menos efectos adversos. Medir con precisión estas moléculas es crítico para la calidad y seguridad de los tratamientos.
A la investigación y los servicios se suma un fuerte eje de formación. En 2025, la unidad capacitó a especialistas de ocho países de América Latina, incluyendo investigadores, empresas y organismos reguladores. La Argentina empieza así a exportar conocimiento estratégico en biotecnología avanzada.

El resultado es claro: la ciencia pública argentina cubrió un vacío histórico y hoy ofrece capacidades críticas para la salud, la industria y la soberanía tecnológica del país.