MERCADOS

Publicado 30/01/2026

OpenAI acelera su salida a bolsa y se abre la carrera por el control del negocio global de la IA

La inteligencia artificial generativa se encamina hacia un punto de inflexión financiero. Según reveló The Wall Street Journal, OpenAI evalúa avanzar hacia una oferta pública inicial (IPO) en 2026, con un objetivo claro: anticiparse a su principal competidor, Anthropic, y convertirse en la primera gran empresa de IA generativa en cotizar en los mercados bursátiles.
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La inteligencia artificial generativa se encamina hacia un punto de inflexión financiero. Según reveló The Wall Street Journal, OpenAI evalúa avanzar hacia una oferta pública inicial (IPO) en 2026, con un objetivo claro: anticiparse a su principal competidor, Anthropic, y convertirse en la primera gran empresa de IA generativa en cotizar en los mercados bursátiles.

La decisión no es solo corporativa ni financiera sino que marca el pasaje definitivo de la IA desde una fase dominada por laboratorios, misiones fundacionales y capital privado hacia una etapa de mercados públicos, rendición ante accionistas y presión por resultados.

OpenAI ya habría iniciado conversaciones preliminares con bancos de inversión y asesores financieros, mientras reorganiza su estructura interna para adecuarse a los requisitos de una empresa cotizante. El movimiento ocurre en paralelo a señales similares por parte de Anthropic, fundada por ex ejecutivos de OpenAI y hoy posicionada como su rival más directo en el desarrollo de modelos fundacionales y contratos corporativos.

 

Sam Altman sueña con ser el primero en tocar la campana en WallStreet (Imagen ChatGPT)

 

Quién llegue primero al mercado no es un detalle menor: la primera IPO del sector fijará el estándar de valuación, expectativas de crecimiento y modelo de negocio para toda la industria de IA generativa. Detrás del impulso a la IPO hay una razón central: la escala de inversión necesaria para sostener el desarrollo de IA avanzada. Entrenar y operar modelos de frontera requiere infraestructura masiva —chips especializados, centros de datos, energía— con costos que se cuentan en decenas de miles de millones de dólares.

OpenAI, pese a su liderazgo tecnológico y comercial, aún no es rentable y no espera serlo en el corto plazo. En ese contexto, el acceso a mercados públicos aparece como una vía para asegurar financiamiento continuo y reducir la dependencia de rondas privadas extraordinarias. En paralelo, gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft y Nvidia consolidan su rol como socios estratégicos del ecosistema, reforzando una tendencia clara: la IA se construye sobre infraestructuras concentradas en pocas manos.

El eventual salto a bolsa también expone tensiones internas. OpenAI nació con una misión declarada de interés público y una estructura híbrida que combinaba objetivos sociales con capital privado. Convertirse en una empresa cotizante implica priorizar retornos, transparencia financiera y disciplina de mercado, lo que reabre debates sobre gobernanza, control y alineamiento entre misión y negocio.

 

El CEO de OpenAI al anunciar el centro de datos que construirá en Argentina

 

A esto se suma un entorno regulatorio cada vez más activo. Estados Unidos y la Unión Europea avanzan en marcos normativos que podrían impactar directamente en costos operativos, responsabilidades legales y diseño de productos. Para una empresa pública, estos factores pesan tanto como la innovación tecnológica.

La posible IPO de OpenAI —o de Anthropic— no es un evento aislado.  Es una señal de madurez, pero también de financiarización acelerada de la inteligencia artificial. El sector entra en una etapa donde el liderazgo ya no se medirá solo por capacidad técnica, sino por acceso al capital, cumplimiento regulatorio y performance financiera. 

En términos estratégicos, la pregunta de fondo no es quién sale primero a bolsa, sino quién definirá las reglas económicas de la IA en la próxima década: cómo se financia, quién la controla y bajo qué incentivos opera.