INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Publicado 28/01/2026

Modo Human-AI: por qué liderará el negocio tecnológico en 2026

El tablero global de 2026 consolidó una fractura difícil de revertir. En un contexto de proteccionismo y unilateralismo, la soberanía digital desplazó a la rentabilidad trimestral como eje de decisión. Ya no se discute únicamente innovación: se discute resiliencia. En ese marco, la Inteligencia Artificial dejó de ser una herramienta de eficiencia para convertirse en infraestructura del poder económico.
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El tablero global de 2026 consolidó una fractura difícil de revertir. En un contexto de proteccionismo y unilateralismo, la soberanía digital desplazó a la rentabilidad trimestral como eje de decisión. Ya no se discute únicamente innovación: se discute resiliencia. En ese marco, la Inteligencia Artificial dejó de ser una herramienta de eficiencia para convertirse en infraestructura del poder económico.

El análisis pertenece a Bruno Magnano, CEO de Rocbird, quien advierte que el poder tecnológico ya no se mide solo en velocidad de adopción, sino en capacidad de sostener sistemas críticos bajo presión geopolítica y energética.

Bruno Magnano, CEO de Rocbird,

 

El mercado enfrenta una paradoja evidente. Mientras la inversión global en TI se aproxima a los 6 billones de dólares —impulsada por la escasez estructural de hardware y el despliegue masivo de data centers—, cerca del 95% de los proyectos corporativos de IA fracasan. Según Magnano, la causa no es tecnológica sino organizacional: la IA sigue comprándose como software empaquetado, cuando en realidad exige un rediseño profundo de arquitectura, procesos y toma de decisiones. A ese enfoque lo denomina Modo Human-AI.

Durante 2026, los modelos generalistas dejarán de ser el principal diferencial competitivo. La ventaja se desplazará hacia los Modelos de Lenguaje Especializados en Dominio (DSLM), orientados a maximizar precisión técnica y preservar la privacidad de los datos sensibles, evitando su exposición en nubes públicas. Estos sistemas operan bajo estándares de interoperabilidad como el Model Context Protocol (MCP), que permiten integraciones más robustas y controladas.

 

En paralelo, el software evoluciona desde bots aislados hacia Sistemas Multiagentes (MAS). Agentes de distintos proveedores ya colaboran en tiempo real para tareas críticas como reportes de cumplimiento financiero, detección de fraudes o mantenimiento predictivo de infraestructuras, con mínima intervención humana.

Magnano define este salto como “autonomía agéntica”: el software comienza a construirse desde la intención y no desde la sintaxis, fenómeno conocido como Vibe Coding. El riesgo, advierte, es claro: la democratización del desarrollo aumenta la demanda —tal como anticipa la Paradoja de Jevons— pero también la fragilidad. Sin supervisión humana experta, la deuda técnica y las vulnerabilidades se multiplican.

Para revertir la alta tasa de fracaso, desde Rocbird se impulsa un modelo de adopción en tres capas. La primera es el alineamiento de visión, que debe comenzar en el Directorio: no se trata de hacer lo mismo más rápido, sino de rediseñar el modelo de negocio a tres años, incorporando perfiles que integren estrategia, datos e IA. La segunda es el plan y la ejecución, donde el error más común es el SaaS estático.

La IA debe aprender de los datos propios de la organización y evolucionar con ellos, combinando desarrollo interno y partners con experiencia, bajo un enfoque bottom-up que empodere a las áreas. La tercera capa es la gobernanza y la criptoagilidad: un Consejo de IA debe gestionar el impacto en el talento, liderar el cambio cultural y garantizar seguridad, especialmente frente al llamado “Día Q”, cuando la computación cuántica vuelva obsoleta la criptografía actual y obligue a migrar a algoritmos post-cuánticos, en especial en sectores como banca y logística.

 

Existe además un límite físico ineludible: la energía. En 2026, el gigavatio-hora se convierte en un activo estratégico. Proyecciones de McKinsey & Company señalan que hacia 2030 el 70% de la inversión en centros de datos se destinará exclusivamente al procesamiento de IA. Depender de hipercentros de datos extranjeros expone a regiones enteras a vulnerabilidades geopolíticas y redefine el concepto mismo de soberanía digital.

La conclusión de Magnano es clara: la tecnología acelera, pero la ventaja competitiva sigue siendo humana. La fluidez en IA no consiste en usar herramientas, sino en reconfigurar la cultura organizacional para la experimentación permanente. En un mercado donde el conocimiento técnico se deprecia cada seis meses, el juicio crítico y la ética se vuelven los únicos activos no depreciables.

El éxito en 2026 no lo definirá una tecnología aislada, sino la capacidad de orquestar un ecosistema donde la IA co-ejecute y el ser humano lidere la estrategia. La adaptabilidad dejó de ser una opción; es la única estrategia de supervivencia.