Se prevén más de 5.000 millones de conexiones 6G hacia 2040, con cada usuario consumiendo entre 140 y 360 GB/mes — un volumen que hoy está reservado al segmento de “usuarios intensivos”.
En las zonas urbanas (que concentran el 83 % del tráfico móvil mundial sobre apenas el 5 % de la superficie terrestre), la densidad de uso será entre 600 y 700 veces mayor que en zonas rurales.
Según la GSMA, para evitar saturaciones será necesario disponer al menos de 2 a 3 GHz de espectro de banda media por país hacia 2035–2040; en países con mayor demanda, el requerimiento podría alcanzar los 4 GHz.

El problema no es técnico, sino de infraestructura y regulación: el espectro actual ya está casi agotado. Si no se liberan nuevas bandas —lo que implica desprenderlas de otros usos como enlaces satelitales, servicios existentes o usos militares—, las redes futuras correrán el riesgo de volverse inestables, lentas o directamente colapsar.
Esto tendría consecuencias profundas: degradación del servicio de internet, limitaciones para nuevas tecnologías —como servicios de Inteligencia Artificial, ciudades inteligentes, realidad aumentada o vehículos autónomos— y un freno a la transformación digital de economías enteras.
Según la GSMA, la salida requiere una decisión política urgente: los gobiernos deben acelerar la liberación y reasignación de espectro de banda media antes de la próxima conferencia internacional de telecomunicaciones (WRC‑27, 2027), cuando se definirán muchos de los parámetros globales de asignación.
Sin esa intervención, el futuro 6G —y parte del 5G actual— corre riesgo de no cumplir sus promesas de conectividad de alta velocidad, baja latencia y soporte masivo de aplicaciones basadas en IA.

La próxima década exige planificación urgente
Si queremos que 5G y 6G funcionen como prometen —alta velocidad, conectividad masiva, soporte de IA, ciudades inteligentes, economía digital— es imprescindible que los gobiernos y reguladores actúen ya. Postergar esta decisión significa resignarse a redes saturadas, servicios de baja calidad y un freno estructural a la innovación.