El Mundial 2026 no solo dejó goles, figuras y resultados inesperados. También mostró una nueva generación de tecnologías destinadas a mejorar el arbitraje, generar estadísticas más precisas y ofrecer imágenes hasta ahora imposibles. Muchas de estas soluciones podrían desembarcar progresivamente en el fútbol argentino.
La incorporación más cercana es el sistema semiautomático de detección del fuera de juego. La propia Asociación del Fútbol Argentino confirmó que trabaja con la empresa encargada del VAR para comenzar a utilizarlo durante 2027. El proyecto permitiría reemplazar el trazado manual de líneas por un mecanismo basado en cámaras, seguimiento corporal e inteligencia artificial.

El VAR semiautomático, el primer candidato
La tecnología utilizada en el Mundial dispone de 16 cámaras instaladas en los estadios, capaces de seguir decenas de puntos del cuerpo de cada jugador y reconstruir su posición sobre el campo. Cuando se produce una posible infracción, el sistema identifica automáticamente al último defensor, al delantero y el momento del pase. La decisión continúa en manos de los árbitros, pero la máquina reduce el tiempo necesario para analizar la jugada.
Su aplicación en la Liga Profesional podría agilizar una de las situaciones que más demoras y controversias genera. También permitiría mostrar recreaciones tridimensionales en las transmisiones y en las pantallas de los estadios, con una explicación visual más clara para los hinchas.
Una etapa posterior podría incorporar la pelota conectada, equipada con sensores capaces de registrar su movimiento y detectar el instante exacto en que un futbolista la golpea. Esa información se combina con las cámaras para determinar con mayor precisión cuándo salió el pase en una acción de fuera de juego. También puede ayudar a identificar contactos difíciles de observar, como un desvío mínimo o un doble toque en un penal.

Cámaras en los árbitros
Otra innovación que podría adaptarse rápidamente es Referee View, una pequeña cámara colocada en la cabeza del árbitro. Durante el Mundial transmitió imágenes y sonido desde su perspectiva, acercando al público al centro de la acción y generando un nuevo producto para la televisión. El material también puede utilizarse posteriormente para capacitar árbitros y revisar situaciones conflictivas.
La tecnología de línea de gol también sería aplicable, especialmente en los partidos decisivos. El sistema determina en forma automática si la pelota cruzó completamente la línea y envía una señal inmediata al reloj del árbitro. Su principal dificultad es económica: necesita cámaras y equipamiento certificados en cada cancha, una inversión elevada para un campeonato que se disputa en estadios con infraestructura muy diferente.

Inteligencia artificial para clubes grandes y pequeños
El Mundial también utilizó sistemas de seguimiento óptico que procesan las imágenes de las cámaras para registrar la posición de los jugadores y la pelota. Con esos datos se calculan recorridos, velocidad, presión, líneas defensivas, mapas de calor y movimientos colectivos.
Centralizar esa información en la AFA y ofrecerla a todos los participantes permitiría reducir la brecha entre los clubes con grandes departamentos de análisis y aquellos con menores presupuestos. Los cuerpos técnicos podrían estudiar automáticamente a sus rivales, detectar patrones tácticos y controlar las cargas físicas sin contratar plataformas diferentes.
No todas las tecnologías mundialistas pueden trasladarse inmediatamente. La prioridad más realista sería desplegar el fuera de juego semiautomático aprovechando el centro VAR centralizado que la AFA posee en Ezeiza. Luego podrían realizarse pruebas con cámaras arbitrales, pelota conectada y seguimiento óptico en determinados estadios.
El desafío no será únicamente comprar equipamiento. También habrá que homologar las canchas, mejorar la conectividad, capacitar árbitros y operadores, proteger los datos de los jugadores y garantizar que todos los clubes compitan bajo las mismas condiciones.
El Mundial mostró que la inteligencia artificial puede acelerar las decisiones y producir información más precisa, pero no elimina las discusiones ni reemplaza al árbitro. En el fútbol argentino, su mayor aporte podría ser otro: reducir los márgenes de error, transparentar los fallos y convertir cada partido en una fuente de datos útil para clubes, entrenadores, jugadores y espectadores.