El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers in Pharmacology, aporta nuevas evidencias sobre el potencial del reposicionamiento farmacológico, una estrategia que busca encontrar nuevos usos terapéuticos para fármacos ya conocidos, con perfiles de seguridad previamente estudiados.
La investigación fue realizada en un modelo experimental y analizó el efecto de bloquear dos receptores de angiotensina 2, una hormona del sistema renina-angiotensina que se libera ante estímulos dolorosos y que también cumple funciones clave en la regulación de la presión arterial, la actividad renal y el sistema cardiovascular.

“La idea era reutilizar drogas existentes, con perfil seguro, para explorar nuevos usos en otras patologías, evitando el largo proceso de aprobación de nuevos compuestos”, explicó Cristian Acosta, investigador del CONICET en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo.
El estudio se enfocó en los receptores AT1R y AT2R, dos proteínas estimuladas por la angiotensina 2. Para evaluar su papel en el dolor crónico, el equipo trabajó con telmisartán, un antihipertensivo disponible comercialmente bajo distintos nombres, y con PD123319, un compuesto utilizado en investigación médica y farmacológica.
Los ensayos se realizaron en un modelo experimental de lesión crónica del nervio ciático en animales de laboratorio. Según detalló Acosta, el equipo demostró que el telmisartán bloquea la unión de la angiotensina al receptor AT1R, mientras que el PD123319 hace lo mismo sobre el receptor AT2R.
Los resultados mostraron que el bloqueo de ambos receptores redujo indicadores asociados al dolor neuropático, una forma de dolor crónico vinculada al sistema nervioso. El efecto fue especialmente relevante cuando los dos receptores fueron inhibidos de manera simultánea.

Además, los investigadores observaron que la manipulación farmacológica de AT1R y AT2R produjo cambios en la expresión de TWIK1, un canal permeable a iones potasio presente en neuronas sensoriales. También detectaron alteraciones en los niveles circulantes de citoquinas proinflamatorias, proteínas que participan en la coordinación de la respuesta inflamatoria celular.
De esta manera, el estudio aporta información sobre un mecanismo biológico hasta ahora poco conocido: la posible relación entre el sistema renina-angiotensina, los canales iónicos y la inflamación en el desarrollo del dolor crónico.
Los hallazgos no implican todavía una aplicación clínica directa, pero abren una línea de investigación relevante. Según el equipo, intervenir farmacológicamente sobre el sistema renina-angiotensina con compuestos ya disponibles podría convertirse en una estrategia complementaria para el manejo del dolor crónico.
Acosta señaló que el grupo continuará investigando la interacción entre este sistema y las citoquinas proinflamatorias para comprender con mayor precisión cómo ambos mecanismos participan en el desarrollo de esta patología.
El avance resulta importante porque el dolor crónico representa uno de los grandes desafíos clínicos actuales: afecta la calidad de vida, suele requerir tratamientos prolongados y, en muchos casos, no responde adecuadamente a las terapias disponibles. En ese contexto, la reutilización de fármacos conocidos aparece como una vía prometedora para acelerar nuevas alternativas terapéuticas.