América Latina atraviesa una nueva etapa en la transformación de sus sistemas de pagos. Después del crecimiento de las billeteras virtuales y las transferencias instantáneas dentro de cada país, el próximo desafío es conectar esas redes para facilitar el movimiento de dinero a escala regional.
El crecimiento del comercio electrónico, la expansión de las empresas fintech y el aumento de los servicios profesionales prestados desde distintos países impulsan la demanda de soluciones de pago cross-border, es decir, operaciones que permiten enviar y recibir dinero entre diferentes mercados.
Hasta ahora, muchas transferencias internacionales dependían de estructuras bancarias tradicionales, intermediarios y procesos que podían demorar varios días. Las nuevas plataformas buscan reducir esos tiempos, disminuir las comisiones y ofrecer mayor información sobre el estado y el costo de cada operación.

Durante los últimos años, varios países latinoamericanos desarrollaron sistemas de pagos inmediatos que transformaron el mercado local. Pix, en Brasil, y Transferencias 3.0, en Argentina, demostraron que es posible realizar operaciones en pocos segundos y durante las 24 horas.
Sin embargo, estos sistemas todavía funcionan principalmente dentro de las fronteras nacionales. El nuevo objetivo del sector es lograr una mayor interoperabilidad para que las transferencias entre países puedan alcanzar niveles similares de velocidad y simplicidad.
Para avanzar en esa dirección será necesario integrar tecnologías, normas financieras, mecanismos de identificación y sistemas de prevención del fraude. También será clave la coordinación entre bancos, fintech, procesadores de pagos y organismos reguladores.

El desarrollo de pagos internacionales en tiempo real podría beneficiar especialmente a exportadores de servicios, trabajadores remotos, pequeñas empresas, plataformas digitales, turistas y personas que envían dinero a familiares en otros países.
Para las compañías, una infraestructura regional más integrada permitiría cobrar y pagar en distintos mercados sin depender exclusivamente de procesos bancarios tradicionales. Para los usuarios, significaría recibir dinero con mayor rapidez, menores costos y más transparencia.
La transformación también podría facilitar la expansión regional de empresas digitales, al reducir una de las principales barreras para operar en América Latina: la fragmentación de los sistemas financieros y de pago.

La consolidación de los pagos transfronterizos dependerá tanto de la innovación tecnológica como de la evolución de las regulaciones. La protección de los usuarios, la seguridad de las operaciones y la prevención del lavado de dinero seguirán siendo aspectos centrales.
América Latina cuenta con una elevada adopción de billeteras digitales y sistemas de transferencias inmediatas. El próximo paso será convertir esas experiencias nacionales en una infraestructura regional capaz de mover dinero entre países con la misma facilidad con la que actualmente se realiza una transferencia local.
La expansión de los pagos cross-border podría convertirse así en uno de los principales motores de la economía digital latinoamericana durante los próximos años.