China dio un paso decisivo en su intento por influir sobre las reglas que determinarán el futuro de la inteligencia artificial. Representantes de 29 países firmaron el acuerdo para crear la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), un nuevo organismo intergubernamental que tendrá su sede permanente en Shanghái.
La institución fue creada para coordinar políticas, estándares y mecanismos internacionales relacionados específicamente con la inteligencia artificial. Su agenda abarcará desde la seguridad de los modelos y la supervisión humana hasta la capacitación tecnológica, el desarrollo de infraestructura y el acceso de los países emergentes a estas herramientas.
La ceremonia fundacional se realizó el 16 de julio, en la antesala de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial de Shanghái. El canciller chino Wang Yi firmó el acuerdo en representación de Beijing, acompañado por delegaciones de países como Rusia, Brasil, Indonesia, Pakistán, Kazajistán y Laos. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, estuvo presente en el encuentro, aunque WAICO no forma parte de la estructura de la ONU.
Qué pretende regular WAICO
El nuevo organismo buscará establecer principios y estándares compartidos para el desarrollo y la utilización de la inteligencia artificial. Entre sus prioridades aparecen la cooperación científica, la capacitación, el intercambio de aplicaciones, la promoción de modelos abiertos y la reducción de la brecha tecnológica entre países.
También se propone trabajar sobre la seguridad de los sistemas, los mecanismos de alerta temprana y la respuesta internacional ante incidentes graves. El presidente chino Xi Jinping sostuvo que los modelos de IA deben permanecer bajo control humano y advirtió sobre los riesgos de sistemas autónomos capaces de escapar de la supervisión de las personas.
Sin embargo, WAICO todavía no puede considerarse una autoridad regulatoria mundial. Hasta ahora no se informó que tenga capacidad para sancionar empresas, prohibir aplicaciones o imponer directamente sus decisiones dentro de los países miembros. Su influencia dependerá de los acuerdos que adopte y de que cada gobierno los incorpore posteriormente a su legislación.
En una primera etapa, su funcionamiento se acercará más al de una plataforma para coordinar posiciones, elaborar recomendaciones y promover estándares internacionales. Todavía resta conocer su estructura interna, su sistema de votación, sus fuentes de financiamiento y los mecanismos que utilizará para verificar el cumplimiento de sus decisiones.
Detrás de la iniciativa existe una disputa geopolítica mucho más amplia. China busca evitar que las reglas mundiales de la inteligencia artificial sean definidas exclusivamente por Estados Unidos, Europa y las grandes compañías tecnológicas occidentales.
La propuesta de Beijing pone el acento en la soberanía de los Estados, el desarrollo económico y el acceso a la tecnología. China sostiene que los países emergentes deben tener mayor participación en la elaboración de las normas y que la IA debería convertirse en un bien accesible, en lugar de quedar concentrada en un pequeño grupo de potencias y corporaciones.
Ese planteo intenta seducir especialmente a los países de Asia, África y América Latina. Xi anunció programas de capacitación y centros de cooperación con los BRICS, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la Unión Africana y países latinoamericanos. También prometió facilitar el acceso a herramientas y modelos chinos de bajo costo.