INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Publicado 08/06/2026

Empresas agénticas: cuando la Inteligencia Artificial entra al organigrama

La especialista Cecilia Russo, fundadora de Cecilia Russo Equipo + Humano, analiza cómo la Inteligencia Artificial empieza a entrar en el organigrama de las empresas, qué significa el avance de las organizaciones agénticas y por qué el verdadero desafío no es solo tecnológico, sino también cultural, estratégico y humano.
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La especialista Cecilia Russo, fundadora de Cecilia Russo Equipo + Humano, analiza cómo la Inteligencia Artificial empieza a entrar en el organigrama de las empresas, qué significa el avance de las organizaciones agénticas y por qué el verdadero desafío no es solo tecnológico, sino también cultural, estratégico y humano.

La Inteligencia Artificial dejó de ser una herramienta periférica dentro de las empresas. Durante años fue vista como un recurso para mejorar la eficiencia, automatizar tareas o acelerar procesos. Pero su evolución reciente abre una etapa más compleja: la IA ya no solo asiste, sino que empieza a intervenir en decisiones, flujos de trabajo y estructuras organizacionales.

Este cambio obliga a revisar cómo se distribuyen las responsabilidades, quién toma decisiones y qué lugar ocupan los sistemas inteligentes dentro de una compañía. El desafío no es simplemente “sumar IA” a procesos existentes, sino repensar la lógica misma del trabajo.

“Cuando acompaño a equipos directivos, suelo proponer algo simple: generar buenas conversaciones sobre qué necesidades viene a resolver la implementación de IA, para qué, qué empezaremos a hacer diferente, cuál es el valor agregado de implementarlo y qué empezaremos a hacer que antes no hacíamos. Ese ejercicio es estratégico”, explica Cecilia Russo, fundadora de Cecilia Russo Equipo + Humano.

 

Cecilia Russo, fundadora de Cecilia Russo Equipo + Humano.

 

En ese escenario aparece el concepto de empresa agéntica. Aunque todavía no existe una definición única, la idea refiere a organizaciones donde humanos y agentes de IA comparten procesos, objetivos y decisiones bajo marcos de gobernanza, datos y control.

El término ganó fuerza en el mundo corporativo a partir de Salesforce, que en 2025 comenzó a instalar la noción de Agentic Enterprise: un modelo en el que los agentes inteligentes dejan de ser simples herramientas y pasan a funcionar como participantes activos dentro de la organización.

“La novedad no es la tecnología en sí, sino su integración: los sistemas dejan de ser herramientas para convertirse en participantes activos dentro de la organización”, señala Russo.

Para Augusto Salvatto, profesor de UdeSA y consultor especializado en IA, una empresa agéntica requiere varias condiciones: diseño sistémico de la organización, trabajo conjunto entre personas y agentes, asignación de roles y objetivos —no solo tareas—, experimentación continua y capacidad de iteración.

Sin esas condiciones, cualquier implementación vinculada a la IA corre el riesgo de quedar reducida a una moda tecnológica sin impacto real.

 

 

 

El impacto también alcanza al organigrama. Las empresas empiezan a necesitar equipos más flexibles, roles menos rígidos y perfiles capaces de trabajar junto a sistemas inteligentes. Surgen nuevas funciones vinculadas al entrenamiento de modelos, la auditoría de decisiones automatizadas, la gobernanza de datos y la interacción entre negocio e IA.

“Las organizaciones agénticas tienden a operar como redes donde humanos y sistemas colaboran sobre objetivos comunes, muchas veces sin depender de jerarquías tradicionales”, analiza Russo.

Pero esta transformación también trae riesgos. Según Gartner, el 40% de los proyectos de IA agéntica podría ser cancelado antes de 2027 por problemas de gobernanza, costos de escalabilidad y falta de claridad sobre el valor de negocio. Al mismo tiempo, la consultora estima que hacia 2028 el 33% de las aplicaciones empresariales incorporará capacidades agénticas y que el 15% de las decisiones laborales podrían ser tomadas de forma autónoma por estos sistemas.

En América Latina, el movimiento ya empieza a sentirse. Un estudio de Seidor señala que el 77% de las empresas de la región planea aumentar su inversión en Inteligencia Artificial, mientras que el 32% reconoce no contar con el talento necesario para aprovechar estas tecnologías. La brecha no es solo tecnológica: también es organizacional y cultural.

 

 

Los nuevos perfiles deberán combinar conocimiento del negocio, manejo de datos, pensamiento crítico y capacidad para interactuar con sistemas inteligentes. Muchas de estas funciones todavía no tienen una trayectoria profesional consolidada, por lo que las empresas deberán formarlas a partir de experiencias previas, capacitación interna y aprendizaje continuo.

Ahí aparece uno de los desafíos centrales: formar criterio, no solo enseñar herramientas. Las personas ya están usando IA en su trabajo cotidiano, pero muchas organizaciones todavía no definieron cómo acompañar, regular o potenciar ese uso.

“La capacitación no puede limitarse a herramientas; tiene que incluir pensamiento crítico, criterios de validación y entendimiento de límites”, advierte Russo.

En este punto, las áreas de Capital Humano tienen un rol clave. Según un relevamiento de PwC Argentina, el 66% de las empresas argentinas todavía no implementó Inteligencia Artificial en sus procesos de personas. El 34% restante la utiliza principalmente en reclutamiento, comunicación interna y capacitación.

 

 

Para Martín Maffioli, cofundador de Rocking Data, la estrategia de personas debe liderar parte de esta transformación. Entre las prioridades aparecen la capacitación del C-level, el desarrollo de mindset de IA en líderes y equipos, el trabajo sobre casos reales de uso, la formación en IA generativa y la identificación de nuevos perfiles necesarios para construir organizaciones agénticas.

La empresa agéntica no es solo una empresa que usa Inteligencia Artificial. Es una organización que redefine procesos, roles y responsabilidades a partir de la convivencia entre personas y sistemas inteligentes.

El verdadero desafío no será tecnológico, sino estratégico: decidir qué tareas delegar, qué decisiones automatizar, qué criterios conservar en manos humanas y cómo construir organizaciones más ágiles sin perder control, responsabilidad ni sentido crítico.