Especialistas coinciden en que el conocimiento técnico seguirá siendo importante, pero el pensamiento crítico, la capacidad de aprendizaje y el criterio para trabajar junto a la IA serán cada vez más determinantes.
Durante los primeros años de expansión de la inteligencia artificial, el debate estuvo centrado en la automatización de tareas repetitivas y el aumento de la productividad. Sin embargo, la evolución de esta tecnología está generando un cambio mucho más profundo. Las organizaciones ya no solo incorporan herramientas inteligentes para hacer más eficientes sus procesos, sino que comienzan a rediseñar la forma en que trabajan, buscan talento y construyen los perfiles profesionales que necesitarán en los próximos años.
La transformación ya no impacta únicamente en la productividad. También modifica las condiciones de ingreso al mercado laboral, obliga a replantear los procesos de capacitación y redefine las habilidades que empresas y trabajadores deberán desarrollar para mantenerse competitivos.

Para Julián Ercolessi, director de Restart —consultora especializada en inteligencia artificial aplicada a negocios—, es importante comprender que el cambio será progresivo. “Lo primero que hay que entender es que la IA no reemplaza cargos completos de un día para el otro. Lo que reemplaza primero son tareas”, explica.
Según el especialista, muchas de las actividades que históricamente funcionaban como puerta de entrada al empleo, como cargar información, resumir documentos, elaborar reportes simples, clasificar consultas o preparar primeros borradores, hoy pueden resolverse en pocos minutos mediante herramientas de inteligencia artificial. Como consecuencia, el tradicional período de aprendizaje dentro de las empresas comienza a reducirse y los perfiles junior deberán llegar con mayores capacidades desde el primer día.
“Antes una empresa podía contratar a alguien para que aprendiera haciendo tareas básicas. Hoy, si esas tareas ya se automatizan, el joven tiene que entrar con otra propuesta de valor”, sostiene Ercolessi.
En ese escenario, las habilidades humanas cobran una relevancia cada vez mayor. Para el especialista, el pensamiento crítico, la curiosidad, la capacidad de aprendizaje, la comunicación, la adaptación al cambio y la habilidad para formular buenas preguntas serán competencias difíciles de reemplazar por la tecnología. “La técnica se puede acelerar con herramientas, pero el criterio no se automatiza tan fácilmente”, resume.
Una mirada similar aporta Cecilia Russo, fundadora de Cecilia Russo Equipo + Humano y especialista en transformación organizacional. A su entender, la discusión ya no consiste únicamente en incorporar inteligencia artificial a los procesos existentes, sino en repensar cómo cambia el trabajo cuando los sistemas inteligentes comienzan a participar de decisiones, flujos operativos y estructuras organizacionales.

“La IA dejó de ser una herramienta periférica dentro de las empresas. Ya no solo asiste, sino que empieza a intervenir en decisiones, flujos de trabajo y estructuras organizacionales. El desafío no es simplemente sumar IA a procesos existentes, sino repensar la lógica misma del trabajo”, afirma.
Russo sostiene que muchas organizaciones evolucionan hacia modelos en los que personas y agentes inteligentes colaboran para alcanzar objetivos comunes. Ese cambio comienza a generar nuevos perfiles profesionales vinculados al entrenamiento de modelos, la auditoría de decisiones automatizadas, la gobernanza de datos y la integración entre inteligencia artificial y estrategia de negocio.
El desafío también alcanza a la formación de los trabajadores. De acuerdo con un estudio de Seidor, el 77% de las empresas latinoamericanas prevé aumentar su inversión en inteligencia artificial, mientras que el 32% reconoce no contar todavía con el talento necesario para aprovechar plenamente estas tecnologías.
Para Russo, la capacitación ya no puede limitarse al aprendizaje de nuevas herramientas. “Tiene que incluir pensamiento crítico, criterios de validación y entendimiento de los límites de la inteligencia artificial”, advierte. En ese sentido, considera que la educación superior seguirá aportando un valor diferencial al desarrollar capacidades como el análisis, la argumentación, el trabajo colaborativo, la tolerancia a la frustración y el aprendizaje permanente.
La revolución también está alcanzando a los procesos de selección de personal. Francisco Costa, fundador de Naaloo —empresa especializada en soluciones de inteligencia artificial para Recursos Humanos—, considera que la IA representa uno de los cambios más importantes que experimentó el sector desde la aparición del currículum vitae.
“Hablar hoy de IA en Recursos Humanos no es ciencia ficción. En cierto modo es la mayor revolución del sector desde la invención del CV. Además democratiza el acceso y promete decisiones más justas. Sin embargo, no reemplaza el cara a cara”, afirma.

Costa explica que hoy los postulantes pueden utilizar herramientas de inteligencia artificial para mejorar la redacción de sus currículums y cartas de presentación, logrando comunicar de manera más clara sus experiencias y competencias. Al mismo tiempo, destaca que estas tecnologías permiten a las pequeñas y medianas empresas acceder a procesos de selección sofisticados que hasta hace pocos años solo estaban al alcance de grandes corporaciones.
Los especialistas coinciden en que, en poco tiempo, saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot dejará de ser un diferencial. Lo que realmente marcará la diferencia será la capacidad para aplicar esas herramientas a problemas concretos, validar sus resultados y comprender el contexto en el que se utilizan.
“El punto no es saber usar esas herramientas de manera superficial. Muy rápido eso será un commodity. El diferencial está en saber aplicarlas para mejorar un reporte, reducir tiempos, detectar errores o resolver mejor una consulta de un cliente”, explica Ercolessi.
En ese contexto, el especialista considera que la inteligencia artificial no elimina el primer empleo, pero sí eleva el umbral de ingreso al mercado laboral. “Ya no alcanza con ser junior y tener ganas. El joven tiene que demostrar que puede usar IA, validar resultados, entender el contexto y aportar criterio. Ese es el nuevo piso de entrada”, concluye.
La inteligencia artificial seguirá modificando tareas, profesiones y organizaciones durante los próximos años. Sin embargo, el verdadero diferencial no estará únicamente en la tecnología, sino en la capacidad de personas y empresas para adaptarse, aprender de forma continua y desarrollar aquellas habilidades que la inteligencia artificial todavía no puede reemplazar.