El T-MEC suele ser presentado como un acuerdo destinado a reducir aranceles y facilitar el comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, el tratado también funciona como una pieza central de la arquitectura tecnológica de América del Norte: establece reglas para la economía digital, la transferencia internacional de datos, las telecomunicaciones, el software y la propiedad intelectual.
Su revisión, iniciada formalmente en 2026, podría determinar cómo se distribuirán las fábricas de componentes electrónicos, los centros de datos, las inversiones en inteligencia artificial y la producción de vehículos eléctricos y conectados.
Según informó Reuters, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, aseguró que las negociaciones con México avanzan de manera “pragmática”. En cambio, cuestionó a Canadá por no haber presentado todavía las concesiones reclamadas por Washington.

El acuerdo que actualizó al NAFTA para la era digital
El T-MEC es el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Se lo denomina USMCA en Estados Unidos y CUSMA en Canadá. Entró en vigor el 1° de julio de 2020 y reemplazó al NAFTA, el acuerdo que había organizado el comercio regional desde 1994.
Una de las principales diferencias respecto de su antecesor fue la incorporación de normas específicas para la economía digital. Cuando comenzó a regir el NAFTA, todavía no existían el comercio electrónico masivo, los servicios en la nube, las plataformas globales ni los actuales sistemas de inteligencia artificial.
El nuevo tratado intentó cubrir ese vacío. Su capítulo sobre comercio digital establece condiciones para que empresas y usuarios puedan contratar servicios, vender productos digitales y transferir información entre los tres países.
La circulación de datos como infraestructura económica
Uno de los pilares tecnológicos del T-MEC es la protección de los flujos transfronterizos de información. El principio general es que los gobiernos no deben impedir que una empresa transfiera datos entre los países miembros cuando esa operación sea necesaria para desarrollar su actividad.
Esta disposición resulta fundamental para bancos, fintech, plataformas digitales, servicios de streaming, compañías de comercio electrónico y proveedores de computación en la nube. Una empresa con operaciones regionales puede procesar información en un centro de datos ubicado en otro país sin tener que reproducir toda su infraestructura en cada mercado.
El acuerdo también limita, aunque contempla excepciones, la posibilidad de exigir que los datos se almacenen obligatoriamente dentro del territorio nacional como condición para operar. De esta manera, favorece el funcionamiento integrado de los servicios tecnológicos en toda América del Norte.
En la actualidad, estas reglas también impactan sobre la inteligencia artificial. El entrenamiento y la operación de los modelos dependen del movimiento de grandes cantidades de información entre usuarios, centros de datos y servicios cloud. Por eso, cualquier modificación en las normas sobre privacidad, seguridad o localización puede influir directamente sobre el costo de desarrollar y ofrecer soluciones de IA.
Software, algoritmos y propiedad intelectual
El T-MEC incluye disposiciones destinadas a proteger el software y los activos digitales de las empresas. Como regla general, un gobierno no puede exigir que una compañía entregue el código fuente de un programa o revele un algoritmo como condición para importar, distribuir o vender un producto.
La norma busca proteger secretos comerciales y evitar que el acceso a un mercado sea utilizado para apropiarse de desarrollos tecnológicos. No obstante, existen excepciones para investigaciones regulatorias, procedimientos judiciales y controles realizados por autoridades competentes.
Este punto adquiere una nueva dimensión con el crecimiento de la inteligencia artificial. La revisión podría abrir discusiones sobre la transparencia de los modelos, las auditorías algorítmicas y el acceso de los reguladores a sistemas utilizados en ámbitos sensibles, como salud, finanzas, empleo o seguridad pública.
El tratado original fue negociado antes de la explosión de la IA generativa. Por lo tanto, no ofrece respuestas específicas para problemas actuales como el uso de datos para entrenar modelos, la responsabilidad por contenidos sintéticos, la protección de creaciones producidas con IA o el control de los algoritmos de alto riesgo.

Semiconductores y electrónica: el nuevo frente de disputa
Estados Unidos quiere utilizar la revisión del T-MEC para fortalecer las cadenas productivas regionales y reducir la dependencia de China. Entre los sectores estratégicos aparecen la electrónica, los medicamentos, los minerales críticos, las baterías y los componentes utilizados en sistemas de inteligencia artificial.
Washington pretende endurecer las reglas de origen: para recibir beneficios arancelarios, una proporción mayor de los componentes y del valor de los productos debería proceder de América del Norte. Esto podría afectar a empresas que ensamblan dispositivos en México con chips, pantallas o piezas importadas desde Asia.
La modificación también podría generar nuevas oportunidades. Si el acceso preferencial al mercado estadounidense exige más contenido regional, las empresas tendrían incentivos para instalar plantas de semiconductores, fabricación electrónica, baterías y equipamiento tecnológico en México, Estados Unidos o Canadá.
México podría consolidarse como plataforma de manufactura avanzada, mientras Canadá dispone de minerales críticos, energía y capacidades de investigación. Estados Unidos, por su parte, busca concentrar el diseño de chips, la inteligencia artificial y las etapas de mayor valor agregado.
Vehículos eléctricos y computadoras sobre ruedas
La industria automotriz ocupa un lugar central en las negociaciones. Los vehículos modernos ya no son solamente productos industriales: integran chips, sensores, cámaras, sistemas operativos, conectividad permanente y funciones de inteligencia artificial.
Estados Unidos busca aumentar la proporción de contenido estadounidense en los automóviles fabricados dentro de la región. La discusión comprende tanto las piezas tradicionales como las baterías, los semiconductores, el software y los sistemas electrónicos.
El origen tecnológico de esos componentes también está asociado con la seguridad nacional. Washington intenta impedir que productos ensamblados en América del Norte funcionen como una vía indirecta para el ingreso de tecnología china al mercado estadounidense.

Centros de datos, nube e inteligencia artificial
La expansión de la IA plantea un desafío que el tratado de 2020 apenas contemplaba. América del Norte necesita enormes inversiones en centros de datos, redes de fibra óptica, generación eléctrica y sistemas de refrigeración para sostener el crecimiento de los modelos avanzados.
La estabilidad del T-MEC puede influir sobre la localización de esas inversiones. Las empresas tecnológicas analizan el acceso a energía, la disponibilidad de terrenos, la conectividad, la legislación sobre datos y la posibilidad de prestar servicios en toda la región antes de construir nueva infraestructura.
México podría atraer centros de datos por su cercanía con Estados Unidos y sus costos competitivos. Canadá dispone de energía, clima favorable y vínculos tecnológicos consolidados. Pero las restricciones sobre datos, los requisitos de seguridad y la incertidumbre comercial pueden modificar esas ventajas.
El acuerdo sigue vigente
Estados Unidos decidió no extender el tratado en sus condiciones actuales por un nuevo período de 16 años, pero esto no significa que el T-MEC haya terminado. El acuerdo continúa vigente y, si no existe consenso, los tres países deberán efectuar revisiones anuales hasta alcanzar una definición.
La falta de una prórroga inmediata aumenta la incertidumbre para las compañías que planifican inversiones de largo plazo. Una planta de semiconductores, una fábrica de baterías o un centro de datos puede demandar miles de millones de dólares y operar durante décadas.
Por ese motivo, la revisión del T-MEC es mucho más que una negociación comercial. Estados Unidos, México y Canadá están definiendo si América del Norte funcionará como un ecosistema tecnológico integrado o si avanzará hacia reglas más restrictivas, condicionadas por la competencia con China y la defensa de las industrias nacionales.
El resultado establecerá dónde se fabricarán los dispositivos, dónde se almacenarán los datos y qué países concentrarán la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial. En la nueva economía, el T-MEC no solo regula el movimiento de mercaderías: también organiza la circulación de información, software y capacidad de cómputo.