El encuentro, que se producirá entre el 13 y el 15 de mayo, ocurre en medio de una transformación profunda del vínculo entre ambos países. Desde la primera presidencia de Trump, la relación pasó de una lógica de integración económica competitiva a una disputa abierta por el control de las tecnologías críticas del siglo XXI: semiconductores, infraestructura de datos, supercomputación, modelos de IA y cadenas de suministro estratégicas. Hoy, la rivalidad entre Estados Unidos y China ya no se limita al comercio. Se trata de una competencia por el liderazgo tecnológico global y por la capacidad de definir las reglas futuras del sistema internacional digital.
Una agenda tecnológica atravesada por la IA
Distintos reportes de medios estadounidenses y organismos internacionales coinciden en que la Inteligencia Artificial será uno de los temas más relevantes de la cumbre Trump-Xi. Entre los puntos que podrían discutirse aparecen la seguridad de los modelos avanzados, mecanismos de comunicación bilateral ante incidentes vinculados a IA, uso militar de sistemas autónomos y posibles estándares mínimos de gobernanza tecnológica.
Según destaca Reuters, los asesores de Trump expresaron una creciente preocupación por los modelos avanzados de IA que se están desarrollando en China y consideraron que ambas partes necesitan "un canal de comunicación" para evitar conflictos derivados de su uso. "Aún no se ha determinado cómo será eso, pero queremos aprovechar esta oportunidad con la reunión de líderes para entablar un diálogo y ver si deberíamos establecer un canal de comunicación sobre asuntos de IA", dijo uno de los funcionarios.
La preocupación creció especialmente después de la aparición de modelos considerados de “alto riesgo” por organismos de seguridad estadounidenses, capaces de asistir en ciberataques avanzados o automatizar procesos sensibles vinculados a infraestructura crítica. Ese escenario provocó incluso un cambio parcial en la postura de la administración Trump, históricamente alineada con la desregulación tecnológica, según informó Axios.

En las últimas semanas, la Casa Blanca comenzó a evaluar nuevos mecanismos de supervisión federal sobre modelos de IA avanzados, incluyendo pruebas de seguridad antes de su despliegue masivo. La discusión representa un giro relevante respecto del inicio del segundo mandato de Trump, cuando había eliminado varias regulaciones impulsadas por la administración Biden para acelerar el desarrollo de la industria estadounidense frente a China.
El trasfondo: chips, exportaciones y guerra tecnológica
La discusión sobre Inteligencia Artificial no puede separarse de la guerra tecnológica entre ambos países. Estados Unidos mantiene fuertes restricciones a la exportación de chips avanzados, GPUs y equipamiento de semiconductores hacia China, especialmente sobre hardware crítico para entrenamiento de modelos de IA.
Washington considera que limitar el acceso chino a capacidad computacional avanzada es una cuestión de seguridad nacional. Beijing, en cambio, interpreta esas medidas como un intento de contener su desarrollo tecnológico y reducir su competitividad industrial. Esa tensión convirtió a Nvidia, TSMC, ASML y las cadenas globales de semiconductores en piezas centrales de la geopolítica contemporánea.
En paralelo, China busca posicionarse como actor clave en gobernanza global de IA, intentando evitar que Estados Unidos monopolice la definición de estándares internacionales. Beijing promueve una visión más estatal y centralizada de regulación tecnológica, mientras Washington mantiene un enfoque históricamente más orientado al mercado y a la autorregulación corporativa.
¿Puede existir una regulación global de IA respaldada por EE.UU. y China?
La gran incógnita de la cumbre es si ambas potencias pueden avanzar hacia algún tipo de entendimiento mínimo sobre gobernanza global de Inteligencia Artificial. Analistas internacionales consideran improbable un acuerdo amplio, pero sí ven posible la construcción de mecanismos limitados de cooperación para reducir riesgos sistémicos.
Según Chris McGuire, investigador senior especializado en China y tecnologías emergentes de la ONG Consejo de Relaciones Exteriores, Estados Unidos y China están considerando entablar un diálogo sobre la seguridad de la IA. “El gobierno chino lleva tiempo buscando este diálogo, pero lamentablemente, su disposición a asumir y cumplir compromisos internacionales sólidos en materia de seguridad de la IA es escasa. Considera estos diálogos como una oportunidad para aumentar su acceso a la tecnología que necesita para alcanzar a Estados Unidos en IA. Si Estados Unidos y China establecen un diálogo regular sobre IA, la única manera efectiva de cambiar la postura del gobierno chino es asegurar que se centre exclusivamente en la seguridad y combinarlo con una campaña de "máxima presión" que endurezca los controles de exportación y amplíe al máximo el liderazgo estadounidense en IA”, afirma McGuire.
“Estados Unidos y China comparten el interés de impedir la difusión de modelos de IA con capacidades peligrosas. Si un actor no estatal utiliza un modelo de IA para desarrollar un arma biológica, esto podría suponer riesgos catastróficos tanto para Estados Unidos como para China. A largo plazo, abordar estos riesgos requerirá cooperación”, sostiene el especialista.
Entre las alternativas que aparecen en la agenda figuran líneas directas de comunicación ante incidentes de IA; intercambio de información sobre amenazas cibernéticas; acuerdos sobre uso militar responsable de IA; estándares mínimos de seguridad para modelos frontier y protocolos conjuntos para evitar ataques automatizados sobre infraestructura crítica.

El modelo que muchos expertos utilizan como referencia es el de los acuerdos de control nuclear de la Guerra Fría: competencia estratégica intensa, pero con canales abiertos para evitar escaladas descontroladas.
“Un alto funcionario estadounidense dijo que Trump y Xi explorarán la posibilidad de abrir canales formales de comunicación sobre la seguridad de la IA y los riesgos relacionados con ella, haciéndose eco de la lógica de la Guerra Fría que impulsó las líneas directas nucleares y las conversaciones sobre control de armas entre superpotencias rivales”, afirmó el director de noticias de Axios, Zachary Basu, en un informe sobre como el tono de la agenda sobre IA entre Trump y Xi.
IA como nueva infraestructura de poder
La visita de Trump a China confirma además un cambio más profundo: la Inteligencia Artificial dejó de ser vista únicamente como una industria tecnológica y pasó a convertirse en infraestructura estratégica de poder nacional.
La discusión entre Washington y Beijing ya no gira solamente alrededor de plataformas digitales o aplicaciones comerciales. Incluye energía, centros de datos, minerales críticos, capacidad militar, telecomunicaciones, satélites y resiliencia industrial. En ese contexto, la IA empieza a ocupar un lugar similar al que tuvo la energía nuclear durante el siglo XX: una tecnología dual capaz de redefinir el equilibrio global de poder.
La posibilidad de que ambas potencias avancen aunque sea en mecanismos mínimos de coordinación será observada por gobiernos y mercados de todo el mundo. Porque detrás de la disputa comercial y geopolítica aparece una pregunta mucho más profunda: quién definirá las reglas de la Inteligencia Artificial que moldeará la economía, la seguridad y la política internacional de las próximas décadas.