Detrás de este problema sanitario persistente, equipos del CONICET avanzan en investigaciones que combinan microbiología, inmunología y desarrollo terapéutico, con un objetivo concreto: entender cómo la bacteria sobrevive y evade al sistema inmune para diseñar tratamientos más eficaces.

Una bacteria altamente sofisticada que desafía a la ciencia
La tuberculosis es causada por la Mycobacterium tuberculosis, un patógeno con millones de años de evolución que desarrolló mecanismos complejos para persistir en el organismo humano.
Una de sus características más críticas es su capacidad de generar infecciones latentes: puede permanecer en el cuerpo durante años sin generar síntomas, pero reactivarse cuando el sistema inmune se debilita.
Se estima que el 25% de la población mundial está infectada de forma latente, lo que convierte a la enfermedad en una amenaza estructural más que coyuntural.

Dos líneas de investigación: atacar la bacteria y fortalecer al sistema inmune
En Argentina, los equipos científicos avanzan en dos frentes complementarios.
Por un lado, investigadoras como Gabriela Gago (IBR, CONICET-UNR) analizan cómo la bacteria construye su estructura celular, especialmente su envoltura rica en lípidos, que le permite resistir medicamentos y aumentar su virulencia. El objetivo es identificar puntos débiles en ese sistema para desarrollar estrategias anti-virulentas, que no necesariamente maten a la bacteria, pero sí la vuelvan más vulnerable.
Por otro lado, el equipo de Luciana Balboa (INBIRS, CONICET-UBA) estudia cómo la bacteria manipula al sistema inmune. Un hallazgo relevante es que la infección induce la producción de ciertos lípidos en el huésped que reducen la capacidad de los macrófagos para eliminar bacterias. A partir de esto, se evalúa el uso de fármacos ya existentes —por ejemplo, tratamientos utilizados para el asma— como complemento para mejorar la respuesta inmune y acortar los tratamientos.

El desafío de los tratamientos largos y la resistencia a antibióticos
Uno de los principales problemas de la tuberculosis es la complejidad de su tratamiento. Incluso en los casos más favorables, requiere al menos seis meses de antibióticos combinados.
Esto genera un alto nivel de abandono terapéutico, lo que a su vez impulsa la aparición de cepas resistentes, un problema crítico a nivel global.
Por eso, gran parte de la investigación actual apunta a reducir la duración de los tratamientos y mejorar su eficacia, un factor clave para controlar la enfermedad.
Vacunas, inmunometabolismo y nuevas estrategias
Otro eje de trabajo es la mejora de la vacuna BCG, que tiene más de 100 años y presenta eficacia limitada en adultos.
Desde un enfoque de inmunometabolismo, los investigadores analizan cómo ciertas vías metabólicas —como la glicólisis— pueden potenciar la respuesta inmune. El objetivo es optimizar la vacunación y aumentar su efectividad en poblaciones adultas.

Un problema científico, pero también social y político
La tuberculosis no es solo un desafío biomédico. Es una enfermedad fuertemente asociada a condiciones de vulnerabilidad: afecta especialmente a poblaciones con malnutrición, hacinamiento o acceso limitado a la salud.
Además, el estigma social dificulta su detección y tratamiento, lo que agrava su propagación.
A nivel global, los objetivos de erradicación planteados para 2035 están lejos de cumplirse. La reducción de casos no alcanza las metas previstas y en América Latina incluso se registran aumentos.
Cooperación regional: la apuesta por una estrategia integrada
Frente a este escenario, se impulsa la creación de la Red Latinoamericana de Tuberculosis (RedLATB), una iniciativa que busca articular academia, sistemas de salud y organismos internacionales.
El objetivo es optimizar recursos, compartir conocimiento y avanzar de manera coordinada frente a una enfermedad que sigue siendo una amenaza global.