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Publicado 27/04/2026

Una levadura probiótica del CONICET logró mejorar el engorde y la salud intestinal del ganado porcino

El desarrollo fue realizado por equipos del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata. La levadura se obtiene a partir de un residuo de la industria láctea y ya fue transferida a una empresa biotecnológica para avanzar en su producción a gran escala.
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El desarrollo fue realizado por equipos del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata. La levadura se obtiene a partir de un residuo de la industria láctea y ya fue transferida a una empresa biotecnológica para avanzar en su producción a gran escala.

 

Una alianza público-privada entre el sistema científico argentino y una empresa de biotecnología empieza a mostrar resultados concretos en el campo de la salud animal. Investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata desarrollaron una levadura probiótica que logró mejorar el engorde y la salud intestinal de lechones en etapa temprana.

El avance más reciente fue publicado en la revista científica Probiotics and Antimicrobial Proteins. Según el estudio, las crías de lechones que recibieron un suplemento con esta levadura aumentaron de peso un 10% más que aquellas que mantuvieron únicamente su alimentación habitual.

La levadura se llama Kluyveromyces marxianus CIDCA 9121 y tiene propiedades beneficiosas para el sistema gastrointestinal. Uno de los aspectos más relevantes del desarrollo es que se produce a partir de lactosuero, un residuo de la industria láctea. Esto le agrega al proyecto una dimensión productiva y ambiental: convierte un descarte industrial en un insumo con valor biotecnológico.

El desarrollo fue realizado de manera conjunta por el Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencia y Tecnología de los Alimentos (CIDCA, CONICET-UNLP-CICPBA), el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos(IIFP, CONICET-UNLP, asociado a CICPBA) y el Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI, CONICET-UNLP).

El año pasado, el CONICET y la UNLP firmaron un convenio de licencia tecnológica con la empresa Beneficial Germs S.A., mediante el cual se transfirió el conocimiento asociado al proceso de fermentación y formulación de la levadura. Es decir, no solo se trata de un hallazgo de laboratorio, sino de una tecnología con potencial de escalado productivo.

 

 

Cómo fue el ensayo con los animales

En el nuevo estudio también participaron docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLP. El probiótico fue incorporado en la dieta de cerdas preñadas durante las tres semanas previas al parto y durante la lactancia. Otro grupo recibió solamente alimento balanceado.

Luego, las crías de cada grupo también fueron alimentadas de la misma manera durante las primeras semanas posteriores al destete: algunas con la levadura probiótica y otras sin el suplemento.

Cuarenta días después, los resultados mostraron una diferencia significativa: el grupo suplementado tuvo un incremento del 10% en el peso respecto del grupo que no recibió la levadura.

El dato es importante porque el destete en la producción porcina ocurre a edades muy tempranas, cuando el intestino de los lechones todavía no está completamente maduro para incorporar alimento sólido. Esa etapa puede aumentar la exposición a infecciones y, por lo general, deriva en el uso preventivo de antibióticos.

En ese punto aparece uno de los valores centrales del desarrollo: la levadura podría convertirse en una alternativa al uso preventivo de medicamentos, especialmente durante los primeros meses de vida de los animales. Esto tiene relevancia productiva, pero también sanitaria, porque se vincula con la reducción del uso de antibióticos y con la lucha contra la resistencia antimicrobiana.

 

 

Del laboratorio a una granja productiva

Otro aspecto relevante del trabajo es que el desarrollo dejó atrás la etapa de ensayos únicamente en modelos de laboratorio. La prueba se realizó en animales de una granja productiva de la localidad bonaerense de Ranchos.

Esto implica un salto científico y tecnológico: pasar de condiciones controladas a una experiencia más cercana al uso real del producto. En una granja hay más variables, más exposición ambiental y menos control que en un laboratorio. Por eso, los resultados obtenidos refuerzan el potencial de aplicación directa de la levadura probiótica.

Los datos también serán clave para definir futuras formulaciones, dosis y formas de administración. Los investigadores buscan establecer si el suplemento conviene aplicarlo en cerdas preñadas, durante la lactancia, en lechones después del destete o en distintas combinaciones según la etapa de desarrollo.

 

El desafío de escalar la producción

Además de comprobar la eficacia biológica del suplemento, los equipos de investigación trabajan en otro frente: optimizar la forma de producción y presentación del producto.

Los derivados microbiológicos pueden comercializarse en formato líquido, en pasta o secos. La versión seca, en polvo, suele tener mayor durabilidad y mejores condiciones para almacenamiento y distribución.

Sin embargo, el secado plantea un desafío tecnológico. En investigación suele utilizarse la liofilización, una técnica avanzada de deshidratación, pero su costo es demasiado alto para pensar en un producto comercial de gran escala. Por eso, los investigadores están probando el secado spray, un método utilizado, por ejemplo, en la producción de leche en polvo y más viable para escalar industrialmente.

El caso muestra el valor estratégico de la articulación entre ciencia pública, universidades y empresas. Un desarrollo nacido en laboratorios argentinos puede convertirse en una herramienta para mejorar la producción porcina, reducir el uso preventivo de antibióticos y aprovechar residuos de la industria láctea con criterios de sostenibilidad.