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Por Rodrigo Bilicki

Publicado 06/04/2026

Curitiba en primera persona: lo que una ciudad puede enseñarle a otra

Hay ciudades que se visitan y ciudades que te interpelan. Curitiba es de las segundas.
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Hay ciudades que se visitan y ciudades que te interpelan. Curitiba es de las segundas.

La semana pasada viajé con un grupo de líderes del sector público y privado para participar de la Smart City Expo Curitiba 2026 y recorrer de cerca los proyectos que convirtieron a esta ciudad en referente mundial. Volví con muchas ideas, pero sobre todo con una convicción que quiero compartir: “lo que hace extraordinaria a Curitiba no es su tecnología, es su coherencia sostenida en el tiempo”.

 

 

El liderazgo como punto de partida

La primera visita fue al Instituto Jaime Lerner, y entiendo por qué la agenda empezaba ahí. Lerner fue arquitecto, intendente y visionario. Pero lo que más me impactó no fue la escala de lo que construyó, sino la claridad con la que lo pensó: “cada intervención tenía un propósito que iba más allá de la funcionalidad”. Las icónicas paradas tubulares de ómnibus, los parques distribuidos por toda la ciudad, los espacios de integración comunitaria. Nada era ornamental. Todo comunicaba una idea de ciudad, y esa idea le daba identidad al ciudadano.

Ese punto me parece central y muchas veces subestimado: sin una narrativa clara, sin un sentido compartido del para qué, la tecnología se convierte en infraestructura sin alma. Los proyectos que perduran son los que la gente siente como propios. En más de una década trabajando en entornos operativos de alto riesgo —primero en el transporte de combustibles, hoy en transformación urbana— aprendí que eso aplica igual en una refinería que en una ciudad: los sistemas que realmente funcionan son los que las personas adoptan, no los que se les imponen.

 

 

El equilibrio que pocas ciudades logran

En la Secretaria das Cidades y el IPPUC entendimos algo que en Argentina tendemos a separar: la gestión pública efectiva requiere tanto visión política como capacidad técnica, y cuando esos dos perfiles no trabajan integrados, los proyectos se traban o se diluyen.

Es un patrón que conozco bien desde el sector privado. En los proyectos de logística crítica y energía, los errores más costosos no suelen venir de fallas técnicas: vienen de decisiones tomadas sin comprensión operativa, o de operaciones que nadie supervisa con criterio estratégico. La brecha entre el campo y la sala de decisiones es cara en cualquier industria. En la gestión urbana, esa brecha se paga con proyectos que no escalan, con tecnología que nadie usa y con cambios que duran un mandato.

Curitiba logró sostener ese equilibrio durante décadas. Los equipos técnicos tienen peso real en las decisiones. Los líderes políticos entienden que la transformación urbana no es de una gestión: es de largo plazo. Esa combinación es lo que permite planificar con horizonte, ejecutar con excelencia y hacer seguimiento sin que cada cambio de autoridad resetee todo lo construido.

El sistema de transporte público es el ejemplo más elocuente. Diseñado hace más de cincuenta años, integra toda el área metropolitana bajo un único boleto. Organizado en anillos con distintos niveles de servicio según demanda y capilaridad. Vehículos articulados estandarizados —lo que simplifica el mantenimiento y la operación— y algunos electricos, con la meta de reducir más del 30% de emisiones de CO2. Hoy avanzan en obras de gran escala como la Inter 2 y el BRT Leste-Oeste, financiadas por la misma oficina de planeamiento que también impulsa proyectos de energía renovable. Un sistema que no se explica sin décadas de decisiones técnicas protegidas del corto plazo político.

 

Hipervisor Urbano de Curitiba.

 

Datos que sirven para decidir

La visita al Hipervisor Urbano fue visualmente impactante, pero la conversación más valiosa fue la que pasó por debajo: toda esa información en tiempo real no vale nada si los datos no son confiables, si no hay procesos institucionales que los validen y si los equipos no tienen la capacidad —ni el mandato— de traducirlos en decisiones concretas.

El trabajo real está en el back-end institucional, no en la pantalla. Es exactamente la misma lógica que aplica en la gestión de flotas de cargas peligrosas o en la implementación de sistemas de seguridad operacional: un tablero de control es tan útil como la cultura de gestión que lo sostiene. Sin eso, es decoración costosa. Desde moobä lo vemos todo el tiempo: las plataformas de gestión urbana rinden cuando forman parte de un ciclo real de toma de decisiones. Cuando no, son inversiones que no se traducen en resultados.

 

 

Educación, sostenibilidad e identidad

El Farol del Saber nos dejó una imagen que no se olvida: una biblioteca comunitaria en un barrio periférico, con maestras que hablan de resiliencia y consistencia como si fueran variables de gestión. Porque para ellas lo son. La educación, el pensamiento creativo y las habilidades STEM son herramientas de igualdad de oportunidades que evolucionan de generación en generación. No hay atajo, y no hay tecnología que reemplace ese proceso.

La Escuela de Sostenibilidad completó ese cuadro: ciudadanos que eligen movilidad eléctrica, que cuidan los espacios verdes, que entienden el valor de los recursos naturales. Esa conciencia no se instala con una campaña. Se construye con tiempo, con presencia del Estado en el territorio y con políticas que tienen coherencia entre sí. En las calles de Curitiba eso se veía: movilidad eléctrica integrada al sistema de transporte, parques en el corazón urbano, proyectos de energía renovable financiados desde la planificación. No como iniciativas aisladas, sino como partes de una misma lógica.

 

Smart City Expo Curitiba 2026

 

Lo que mostró la Expo

La Smart City Expo reunió más de 140 empresas y 20.000 participantes. La mayoría de los expositores eran empresas brasileras con soluciones concretas: ERP municipales, sensores urbanos, plataformas de movilidad, videovigilancia, agentes de IA para automatizar trámites, visión artificial para espacios públicos. Un ecosistema tecnológico local y maduro, construido para resolver problemas reales.

Una de las charlas que más me resonó fue sobre el rol de los elementos culturales —la música, el arte, la identidad comunitaria— en los procesos de transformación urbana. El argumento es preciso: cuando el beneficiario final es el ciudadano, los factores humanos son tan determinantes para el éxito como el presupuesto o la hoja de ruta tecnológica. Ignorarlos no es un detalle menor: es una de las causas más frecuentes de fracaso. Lo vi en proyectos de seguridad vial en Colombia, lo veo en proyectos de modernización municipal en Argentina. Las personas no adoptan lo que no comprenden o no sienten suyo.

También fue significativo el lanzamiento del Observatorio Iberoamericano de Ciudades Inteligentes, con adhesión de alcaldes de toda la región. Una señal concreta de que la colaboración entre ciudades —compartir modelos, aprendizajes y buenas prácticas— es el camino más eficiente para resolver problemas que se repiten a lo largo de América Latina. No hace falta reinventar la rueda en cada municipio.

 

 

Lo que me llevo

Curitiba no llegó a donde está por tener más presupuesto ni mejor tecnología. Llegó por tener una visión clara, la institucionalidad para sostenerla y equipos que supieron combinar la dirección política con la profundidad técnica. Eso es, en el fondo, lo que significa ser inteligente como ciudad.

Las herramientas existen. Los proveedores sobran. Lo que escasea es la capacidad de planificar con horizonte largo, proteger los procesos del corto plazo y poner al ciudadano en el centro no como discurso, sino como criterio de diseño real.

Eso es lo que traemos de vuelta. Y es lo que seguimos construyendo —desde el campo y desde la estrategia— junto a los municipios, provincias y empresas con los que trabajamos cada día.

 

El aurtor de la nota, Rodrigo Bilicki, es Ingeniero Electromecánico con MBA y especialización en Supply Chain y Gestión de Proyectos. Co-founder de moobä y Vonk Solutions. Más de una década en Shell gestionando la logística de combustibles en zonas de alto riesgo, el desarrollo de una startup tecnológica en el sector transporte y su trabajo actual con gobiernos locales y empresas de logística crítica, le dieron una perspectiva única: entender y conectar el mundo operativo y el mundo político-estratégico para construir soluciones que perduren. Ha trabajado con la Municipalidad de Salta, La Plata, Paso de los Libres y la Provincia de Entre Ríos, entre otros.