Publicidad Danone
MERCADOS

Publicado 17/02/2026

Ford, China y EE.UU.: las joint ventures que pueden redefinir la industria automotriz y abrir una ventana para Argentina

Las conversaciones entre el CEO de Ford y funcionarios de Donald Trump sobre habilitar empresas conjuntas con fabricantes chinos marcan un giro en la política industrial estadounidense. El modelo de alianzas controladas no solo reconfigura la competencia global por el auto eléctrico, sino que también podría proyectarse hacia plantas de Ford en otros países, incluida Argentina.
Compartir
Compartir por Facebook Compartir por WhatsApp Compartir por X Compartir por Telegram

Las conversaciones entre el CEO de Ford y funcionarios de Donald Trump sobre habilitar empresas conjuntas con fabricantes chinos marcan un giro en la política industrial estadounidense. El modelo de alianzas controladas no solo reconfigura la competencia global por el auto eléctrico, sino que también podría proyectarse hacia plantas de Ford en otros países, incluida Argentina.

Según reveló Bloomberg Línea, el encuentro se produjo durante el North American International Auto Show de Detroit y contó con la participación de funcionarios clave del área comercial, de transporte y ambiental. Allí se discutió un esquema que permitiría fabricar vehículos en suelo estadounidense bajo sociedades controladas por empresas locales, replicando —con reglas invertidas— el modelo que China impuso durante décadas a las automotrices occidentales.

 

China domina hoy la cadena global del vehículo eléctrico: baterías, costos, escalabilidad, integración vertical y velocidad de innovación. Para fabricantes históricos como Ford, el desafío ya no es solo tecnológico, sino existencial. Los aranceles compran tiempo, pero no resuelven el problema de fondo: competir contra autos eléctricos que pueden ser hasta un 40% más baratos y llegar al mercado en ciclos mucho más cortos.

 

 

En ese contexto, la apertura controlada aparece como una estrategia defensiva pragmática. Integrar capacidades chinas bajo gobernanza estadounidense permitiría reducir costos, acelerar el desarrollo de plataformas eléctricas y sostener empleo industrial local, sin resignar control accionario ni operativo.

 

La propuesta, sin embargo, genera divisiones dentro de Washington. Sectores del gabinete de Trump expresan preocupación por eventuales riesgos de seguridad nacional, especialmente en vehículos conectados, software, sensores y manejo de datos. General Motors, por su parte, se mostró reticente a cualquier apertura que pueda erosionar la participación de mercado de los fabricantes ya establecidos.

 

Ford, en cambio, ensaya una posición más flexible. Jim Farley viene advirtiendo desde hace meses que la industria automotriz estadounidense enfrenta una competencia “sin precedentes” y que ignorar la ventaja estructural china no es una opción viable.

 

Argentina en el radar: plantas, escala y transición eléctrica

Para Ford, la lógica de las joint ventures no necesariamente se limita al mercado estadounidense. De avanzar este enfoque, no sería extraño que el modelo se proyecte hacia otras plantas estratégicas en América Latina, donde la compañía ya cuenta con infraestructura, proveedores y know-how industrial. Argentina aparece como un caso particularmente relevante.

 

Ford, con su planta de Pacheco, mantiene una presencia histórica en el país, una cadena de autopartistas desarrollada y experiencia exportadora regional. En un escenario de alianzas con fabricantes chinos, la producción local podría convertirse en una plataforma híbrida: ensamblaje, adaptación regional y eventualmente fabricación de vehículos eléctricos o utilitarios electrificados para el Mercosur y otros mercados emergentes.

 

 

Para China, asociarse con una automotriz global ya instalada permitiría sortear barreras comerciales, reducir riesgos regulatorios y acelerar su desembarco regional. Para Ford, implicaría acceder a tecnología y costos competitivos sin resignar marca, control ni posicionamiento.

 

La discusión de fondo: quién controla la fábrica

El debate no gira ya en torno a si los mercados se abren o se cierran, sino en qué condiciones se integran los actores y quién controla los activos críticos. Tecnología, software, baterías, datos y propiedad intelectual reemplazaron al acero y al chasis como núcleo del poder industrial.

 

Si Estados Unidos termina adoptando un modelo de joint ventures controladas, la señal será inequívoca: la nueva política industrial global no excluye, integra bajo reglas estrictas. Para países como Argentina, esto abre una ventana —limitada pero real— para reposicionarse en la cadena automotriz global, siempre que exista una estrategia clara, estabilidad regulatoria y visión de largo plazo.