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Publicado 25/06/2026

El euro digital avanza en Europa: no será una cripto ni funcionará como una blockchain pública

El proyecto del euro digital volvió a avanzar en la Unión Europea, pero con una aclaración central: no se trata de una criptomoneda descentralizada ni de una stablecoin estatal. Según el Banco Central Europeo, el euro digital sería una nueva forma de dinero público, emitido por el BCE y los bancos centrales nacionales de la eurozona, con el mismo valor que el euro en efectivo.
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El proyecto del euro digital volvió a avanzar en la Unión Europea, pero con una aclaración central: no se trata de una criptomoneda descentralizada ni de una stablecoin estatal. Según el Banco Central Europeo, el euro digital sería una nueva forma de dinero público, emitido por el BCE y los bancos centrales nacionales de la eurozona, con el mismo valor que el euro en efectivo.

 

 

La diferencia principal con una criptomoneda es institucional. Criptoactivos como Bitcoin no están emitidos ni gestionados por una autoridad central. El euro digital, en cambio, sería una obligación del banco central. Por eso, el BCE sostiene que no debe ser considerado un criptoactivo, sino una versión digital del efectivo.

El proyecto tampoco está pensado como una blockchain pública. El propio Banco Central Europeo aclaró que el euro digital funcionaría sobre una plataforma de liquidación centralizada del Eurosistema. Esto significa que no sería una red abierta y descentralizada como las utilizadas por muchas criptomonedas.

La Comisión Europea define al euro digital como dinero de banco central disponible para pagos cotidianos. La idea es que pueda usarse tanto online como offline, en comercios, pagos entre personas, operaciones digitales y eventualmente en servicios públicos. También tendría curso legal dentro de la eurozona, si se aprueba el marco regulatorio correspondiente.

 

 

El proyecto todavía no está en circulación. El BCE apunta a estar preparado para una posible primera emisión durante 2029, siempre que la legislación europea sea aprobada en 2026. Antes de eso, el plan prevé un piloto de 12 meses a partir de la segunda mitad de 2027, con proveedores de servicios de pago, comercios seleccionados y personal del Eurosistema.

En junio de 2026, el proyecto obtuvo un respaldo clave en la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo. La propuesta fue aprobada con 43 votos a favor, 14 en contra y una abstención. Ese paso no equivale a la aprobación final del euro digital, pero habilita el avance del debate legislativo dentro de la Unión Europea.

Uno de los objetivos políticos y económicos del proyecto es reducir la dependencia europea de redes privadas de pago dominadas por compañías extranjeras. El BCE y la Comisión Europea plantean que el euro digital podría reforzar la autonomía estratégica del sistema de pagos europeo, en un contexto donde el efectivo pierde peso frente a tarjetas, billeteras digitales y pagos móviles.

El diseño previsto incluye límites de tenencia para evitar que el euro digital provoque una salida masiva de depósitos desde los bancos comerciales hacia el banco central. También se prevé que bancos y proveedores de pago mantengan un rol central en la distribución del sistema.

 

 

La privacidad es uno de los puntos más discutidos. La Comisión Europea afirma que los pagos offline tendrían un nivel de privacidad similar al efectivo: los detalles de la operación serían conocidos solo por quien paga y quien cobra. Para pagos online, el diseño prevé que el Eurosistema no pueda identificar directamente a los usuarios a partir de la información de pago, aunque los intermediarios financieros seguirían cumpliendo reglas contra lavado de dinero y financiamiento del terrorismo.

Otro dato relevante es que el euro digital no sería dinero programable. El BCE y la Comisión Europea sostienen que no podría ser configurado por autoridades públicas para limitar dónde, cuándo, para qué o con quién se puede pagar. La intención declarada es que funcione como efectivo digital: una forma de pago pública, digital y de aceptación amplia, pero sin restricciones incorporadas al uso del dinero.

La discusión de fondo no es si Europa va a lanzar una criptomoneda propia. El dato verificado es otro: la Unión Europea busca crear una moneda digital de banco central, centralizada, con curso legal, pensada para pagos cotidianos y diseñada como complemento del efectivo.

El euro digital todavía depende de decisiones políticas, regulatorias y técnicas. Pero el avance parlamentario de junio de 2026 confirma que el proyecto entró en una etapa decisiva.