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Publicado 18/06/2026

La astrónoma argentina que encontró los fósiles de la Vía Láctea y ganó el Premio Kavli 2026

Amina Helmi, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, fue distinguida con uno de los premios más prestigiosos de la astrofísica por sus investigaciones sobre la historia de nuestra galaxia. Sus trabajos ayudaron a demostrar que la Vía Láctea no se formó de manera aislada, sino a partir de antiguas colisiones y fusiones con galaxias más pequeñas.
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Amina Helmi, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, fue distinguida con uno de los premios más prestigiosos de la astrofísica por sus investigaciones sobre la historia de nuestra galaxia. Sus trabajos ayudaron a demostrar que la Vía Láctea no se formó de manera aislada, sino a partir de antiguas colisiones y fusiones con galaxias más pequeñas.

La historia de la Vía Láctea no fue tranquila ni lineal. Durante décadas, la imagen más extendida de nuestra galaxia fue la de una gran estructura espiral, estable y relativamente ordenada. Sin embargo, una parte decisiva de la astrofísica contemporánea empezó a mostrar otra escena: la Vía Láctea es también el resultado de choques, absorciones y fusiones ocurridas hace miles de millones de años.

En esa reconstrucción tuvo un papel central la astrónoma argentina Amina Helmi, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, quien acaba de ser distinguida con el Premio Kavli de Astrofísica 2026. El reconocimiento será compartido con los astrónomos Vasily Belokurov y Rodrigo Ibata, por sus aportes al descubrimiento de evidencias fósiles de antiguas fusiones galácticas.

 

 

El Premio Kavli, otorgado cada dos años en áreas como astrofísica, nanociencia y neurociencia, reconoció a los tres investigadores por haber contribuido a probar que la Vía Láctea se construyó mediante un proceso conocido como acreción jerárquica. En términos simples: nuestra galaxia creció incorporando otras galaxias más pequeñas, cuyos restos todavía pueden rastrearse en el movimiento, la distribución y la composición química de algunas estrellas.

El trabajo de Helmi se inscribe en una disciplina conocida como arqueología galáctica. Así como la arqueología terrestre estudia restos materiales para reconstruir civilizaciones antiguas, la arqueología galáctica analiza estrellas, cúmulos y corrientes estelares para reconstruir el pasado de una galaxia. Las estrellas funcionan como archivos: conservan información sobre su origen, su edad, su composición química y las órbitas que siguieron durante miles de millones de años.

Uno de los hitos más importantes asociados a estas investigaciones fue la identificación de Gaia-Enceladus, una antigua galaxia que se fusionó con la Vía Láctea hace unos 10.000 millones de años. Sus restos fueron detectados gracias al análisis de datos de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea, que mide con enorme precisión la posición y el movimiento de millones de estrellas.

 

 

Ese hallazgo permitió entender que una parte significativa del halo interno de la Vía Láctea está compuesto por restos de aquella antigua galaxia absorbida. También aportó evidencia para explicar la formación del llamado disco grueso galáctico, una de las estructuras principales de nuestra galaxia.

La importancia del trabajo de Helmi no está en haber explicado de manera total y definitiva “cómo se formó la Vía Láctea”, sino en algo más específico y científicamente relevante: haber ayudado a reconstruir una etapa decisiva de su historia evolutiva. Sus investigaciones demostraron que el pasado de nuestra galaxia puede leerse en los movimientos y la química de sus estrellas, como si fueran fósiles cósmicos dispersos en el cielo.

Helmi estudió Astronomía en la Universidad Nacional de La Plata y luego continuó su carrera científica en Europa. Actualmente se desempeña como profesora e investigadora en la Universidad de Groningen, en Países Bajos. Desde allí desarrolló una trayectoria internacional dedicada al estudio de la formación y evolución de galaxias.

 

 

Su reconocimiento también tiene una lectura local. En un contexto donde el financiamiento de la ciencia y el valor de la universidad pública suelen estar en discusión, la trayectoria de Helmi muestra el impacto global que puede alcanzar una formación científica iniciada en instituciones argentinas. No se trata solamente de una historia individual de excelencia: es también una muestra concreta de cómo el conocimiento producido desde la educación pública puede intervenir en las grandes preguntas de la ciencia mundial.

La Vía Láctea, la galaxia donde se encuentra el Sistema Solar, ya no puede pensarse como una estructura cerrada sobre sí misma. Su historia está hecha de encuentros violentos, fusiones y restos de galaxias desaparecidas. Gracias al trabajo de investigadores como Amina Helmi, esos restos dejaron de ser invisibles: hoy permiten reconstruir una parte fundamental del pasado cósmico.