INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Publicado 30/06/2026

Nvidia y Firmus llevarán a Indonesia una de las mayores fábricas de IA de Asia-Pacífico

El proyecto de 360 MW en Batam muestra que la nueva competencia tecnológica ya no pasa solo por los modelos, sino por la energía, los chips y la infraestructura física que permite entrenarlos y operarlos
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El proyecto de 360 MW en Batam muestra que la nueva competencia tecnológica ya no pasa solo por los modelos, sino por la energía, los chips y la infraestructura física que permite entrenarlos y operarlos

La carrera global por la inteligencia artificial acaba de sumar un nuevo punto estratégico en el mapa: Indonesia. Firmus Technologies, la compañía australiana de infraestructura de IA respaldada por Nvidia, construirá en Batam un centro de datos de inteligencia artificial de 360 megawatts junto a DayOne, con el objetivo de convertir a la isla —ubicada frente a Singapur— en un nodo clave del cómputo avanzado en Asia-Pacífico.

El proyecto será desarrollado como una Nvidia DSX AI Factory, es decir, una fábrica de inteligencia artificial diseñada para alojar cargas de trabajo intensivas: entrenamiento de modelos, inferencia a gran escala, servicios cloud para startups de IA y procesamiento de alto rendimiento.

Según reportes del sector, el campus podría incorporar hasta 170.000 aceleradores Nvidia entre 2027 y 2028, incluyendo plataformas Grace Blackwell, Vera Rubin y Vera. Además, Firmus proyecta acuerdos comerciales por hasta 30.000 millones de dólares durante los primeros seis años de operación.

 

 

La elección de Batam no es casual. La isla indonesia está ubicada a pocos kilómetros de Singapur, uno de los hubs digitales y financieros más importantes de Asia. Pero mientras Singapur enfrenta restricciones crecientes de espacio, energía y capacidad para nuevos data centers, Indonesia ofrece territorio, demanda regional y una oportunidad para capturar parte del negocio de infraestructura de IA.

El caso muestra una tendencia central: la IA ya no depende únicamente de software, talento o modelos fundacionales. Depende, cada vez más, de infraestructura pesada. Energía disponible, refrigeración, conectividad, acceso a chips y capacidad de financiamiento son hoy variables tan estratégicas como los algoritmos.

Para Nvidia, el acuerdo profundiza una estrategia que va más allá de vender GPUs. La compañía empieza a participar de ecosistemas completos de infraestructura: aporta tecnología, habilita capacidad de cómputo y, en algunos casos, comparte ingresos asociados al uso de sus plataformas. Es un paso más en la transformación de Nvidia en el actor dominante de la cadena física de la IA.

 

 

Para Firmus, el campus de Indonesia representa su salto regional. La empresa ya venía desarrollando proyectos de AI Factories en Australia, pero Batam le permite posicionarse en el corazón del sudeste asiático, una región con fuerte crecimiento digital, mercados emergentes, gobiernos interesados en soberanía tecnológica y empresas que necesitan acceso a cómputo sin depender exclusivamente de Estados Unidos o China.

El dato de los 360 MW es clave. Un centro de datos de esa potencia equivale a infraestructura energética de escala industrial. No se trata de una instalación tecnológica tradicional, sino de una planta de cómputo masivo. Por eso, las fábricas de IA comienzan a parecerse más a proyectos energéticos, mineros o logísticos que a simples edificios con servidores.

La lectura geopolítica también es relevante. Indonesia busca consolidarse como potencia digital regional y atraer inversiones en infraestructura crítica. En ese marco, un campus de IA respaldado por Nvidia puede fortalecer su posición frente a otros polos asiáticos y darle mayor autonomía para procesar datos, desarrollar aplicaciones locales y atraer empresas tecnológicas.

 

 

El proyecto también deja una enseñanza para América Latina. Países con disponibilidad energética, territorio, fibra óptica, clima favorable y estabilidad regulatoria pueden competir por una parte de esta nueva infraestructura global. La pregunta ya no es solamente quién desarrolla modelos de IA, sino qué países tendrán la capacidad física para ejecutarlos.

Argentina, Brasil, Chile y Uruguay podrían mirar este caso con atención. La infraestructura de IA requiere energía abundante, conectividad internacional y marcos de inversión de largo plazo. En ese cruce entre electricidad, chips y datos se jugará una parte decisiva de la economía digital de la próxima década.

El centro de datos de Firmus en Indonesia confirma que la inteligencia artificial entra en una nueva etapa: la etapa de las fábricas de cómputo. Y en esa carrera, los países que logren combinar energía, infraestructura y alianzas tecnológicas tendrán una ventaja estratégica.