La irrupción de la IA está reconfigurando el mapa global de la infraestructura tecnológica y obligando a los países a replantear sus estrategias de desarrollo digital. En Argentina, este cambio comienza a institucionalizarse. La Cámara Argentina de Internet (CABASE) puso en agenda que la infraestructura para IA ya no es un componente más del ecosistema tecnológico, sino su núcleo estratégico.
La IA está modificando la lógica de la demanda tecnológica y tensionando las capacidades existentes. Ya no alcanza con redes de conectividad tradicionales: el nuevo paradigma exige una integración crítica entre capacidad de cómputo, almacenamiento y energía, los tres pilares sobre los que se construye la economía digital basada en Inteligencia Artificial. Según la propia entidad, este cambio implica repensar la infraestructura como un sistema integrado capaz de sostener cargas de trabajo intensivas y procesamiento en tiempo real.
Para impulsar el debate, CABSE organiza el Internet Day 2026 que se desarrollará bajo el lema “(AI) Argentina Inteligente + (IA) Infraestructura Argentina”. Desde esta premisa, el evento propone poner el foco en una idea central: no hay una Argentina inteligente sin una infraestructura sólida, propia y sostenible. La agenda invita así a pensar el desarrollo de la IA desde bases concretas, como punto de partida para el crecimiento económico, la competitividad y la generación de valor en el país. El encuentro tendrá lugar entre el 6 y el 8 de mayo.
En ese contexto, CABASE avanzó en una reorganización institucional que refleja esta transformación. La entidad, que nuclea a los principales actores del ecosistema de Internet en el país, redefinió su enfoque y creó un espacio específico orientado a carriers, datacenters y desarrollo de infraestructura para Inteligencia Artificial. El objetivo es anticipar la demanda tecnológica de la próxima década y construir una agenda común para el sector.

Durante años, el desarrollo digital estuvo centrado en la expansión de la conectividad, una etapa que permitió masificar el acceso a Internet. Sin embargo, la IA introduce una nueva capa de complejidad. La infraestructura ya no se limita a transportar datos, sino que debe procesarlos, almacenarlos y operar en tiempo real con niveles de eficiencia y escala sin precedentes. En ese escenario, los centros de datos de gran escala, las redes de alta capacidad y la disponibilidad energética se convierten en componentes inseparables.
Desde CABASE advierten que la IA está reescribiendo la matriz de la demanda tecnológica, impulsando una infraestructura mucho más exigente en términos de densidad computacional y consumo energético. Este fenómeno no es exclusivo de Argentina, sino parte de una tendencia global en la que los países compiten por atraer inversiones en datacenters y capacidades de cómputo de alto rendimiento.
En ese tablero, Argentina aparece con ventajas estructurales que comienzan a ganar relevancia. La disponibilidad de recursos energéticos, el potencial en energías renovables, las condiciones climáticas favorables en determinadas regiones y la existencia de talento técnico especializado configuran un escenario atractivo para el desarrollo de infraestructura digital. A esto se suma la posibilidad de posicionarse como un nodo de interconexión regional en América Latina.
El planteo del sector es claro: el país tiene la oportunidad de pasar de ser un consumidor de servicios digitales a convertirse en un proveedor de infraestructura para Inteligencia Artificial. Para lograrlo, sin embargo, se requiere una estrategia coordinada que articule al sector privado con el Estado y que permita diseñar políticas de largo plazo.
La infraestructura para IA no puede desarrollarse de manera fragmentada. Requiere la convergencia de operadores de telecomunicaciones, empresas de energía, proveedores tecnológicos y plataformas digitales, junto con un marco regulatorio que incentive la inversión. En esa línea, CABASE impulsa espacios de trabajo que permitan alinear intereses y construir una visión compartida sobre el desarrollo del sector.
La infraestructura para Inteligencia Artificial no solo habilita servicios digitales, sino que define la capacidad de un país para insertarse en la nueva economía global. La construcción de data centers, redes y sistemas de cómputo puede convertirse en un motor de crecimiento, generar empleo calificado y atraer inversiones internacionales, pero también exige planificación, regulación y visión estratégica.
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