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AGRO

Publicado 26/02/2026

Piloto de drones en el agro: cómo ganar hasta 5 millones de pesos por mes en Argentina con agricultura de precisión

En un mercado laboral atravesado por la automatización, la digitalización y la tecnificación del agro, un perfil empezó a ganar protagonismo en la Argentina: el piloto profesional de drones aplicado a la agricultura de precisión.
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En un mercado laboral atravesado por la automatización, la digitalización y la tecnificación del agro, un perfil empezó a ganar protagonismo en la Argentina: el piloto profesional de drones aplicado a la agricultura de precisión.

Según relevamientos sectoriales, los ingresos pueden llegar hasta los $5 millones de pesos mensuales, aunque el dato requiere contexto. No se trata, en la mayoría de los casos, de un sueldo fijo tradicional, sino de ingresos que pueden provenir de facturación por servicios especializados.

 

 

El número impacta, pero no alcanza con saber volar un dron. El diferencial está en la capacidad de convertir imágenes y datos en decisiones productivas. En el agro, los drones se utilizan para mapear cultivos con cámaras multiespectrales, detectar estrés hídrico o plagas de manera temprana, optimizar la aplicación de fitosanitarios y generar mapas de rendimiento. El valor económico no está en el vuelo en sí, sino en la interpretación técnica de la información obtenida. Eso implica conocimientos en agricultura de precisión, manejo de software de análisis geoespacial y comprensión básica de procesos agronómicos.

Aquí aparece un punto clave que suele omitirse en titulares: cuando se habla de ingresos cercanos a los $5 millones mensuales, muchas veces se hace referencia a facturación como profesional independiente. Es decir, contratos por campaña, trabajo por hectárea o prestación de servicios a múltiples productores. No es necesariamente un salario en relación de dependencia con estabilidad garantizada todos los meses.

Por eso, afirmar que “un piloto de dron gana $5 millones por mes” como promedio general sería inexacto. Es un techo posible bajo determinadas condiciones de especialización, demanda y volumen de trabajo, no la media del mercado.

 

 

Para operar profesionalmente en Argentina se requiere certificación oficial como piloto de aeronaves no tripuladas (RPA), cumplir con la normativa vigente, contar con el registro correspondiente y, en muchos casos, contratar seguros específicos. A eso se suma la inversión en equipos, que no es menor: los drones agrícolas de uso profesional pueden costar miles de dólares, especialmente aquellos destinados a fumigación o relevamientos avanzados. Sin capital inicial y sin red de clientes, el ingreso alto es difícil de sostener.

El agro paga más que otros sectores por una razón estructural. En un contexto de presión climática, costos crecientes y necesidad de maximizar rendimiento, la tecnología que mejora productividad tiene impacto directo en rentabilidad, y por eso se remunera mejor. Los perfiles que combinan robótica, análisis de datos y capacidad operativa encuentran ahí una oportunidad concreta.

 

Existen, sin embargo, dos lecturas posibles. La primera, más optimista, sostiene que la expansión de la agricultura de precisión y la escasez de perfiles técnicos sostendrán ingresos elevados para quienes se especialicen y desarrollen una cartera sólida de clientes. La segunda, más prudente, indica que los $5 millones mensuales son una cifra alcanzable pero excepcional, dependiente de temporada, región productiva y modelo de negocio.

Más allá del monto puntual, el fenómeno expone una tendencia más amplia: los trabajos mejor pagos no están necesariamente ligados a carreras tradicionales, sino a la capacidad de integrar tecnología en sectores productivos concretos y generar valor medible. En el agro argentino, esa transformación ya no es promesa futura: es presente.