El Estrecho de Estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del comercio global de energía. Por esa franja marítima, ubicada entre Irán y Omán, circula cerca de una quinta parte del petróleo transportado por mar en el mundo.
En ese contexto estratégico, Irán comenzó a exigir pagos en criptomonedas —incluido Bitcoin— y en yuanes para permitir el paso seguro de petroleros, según reportes citados por medios internacionales y replicados por portales especializados en criptomonedas. La medida transforma el control geográfico del estrecho en una herramienta financiera directa.
De acuerdo con reportes citados por medios internacionales, el peaje puede alcanzar aproximadamente US$1 por barril transportado o hasta US$2 millones por superpetrolero, dependiendo del tamaño del cargamento.
Un buque tipo VLCC (Very Large Crude Carrier) suele transportar cerca de 2 millones de barriles de petróleo, lo que ubicaría el costo del paso en torno a ese nivel. Si el pago se realiza en bitcoin, el monto equivale aproximadamente a entre 25 y 30 BTC por viaje, dependiendo del precio de mercado de la criptomoneda.
La cifra puede parecer marginal frente al valor total de un cargamento de petróleo —que puede superar los US$150 millones—, pero adquiere otra dimensión cuando se proyecta sobre el volumen total de tráfico que atraviesa el estrecho.

El Estrecho de Ormuz es considerado uno de los principales chokepoints energéticos del planeta. Cada día circulan por allí alrededor de 20 millones de barriles de petróleo, provenientes principalmente de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar.
Esto significa que aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo depende de ese paso marítimo. Si se aplicara una tarifa promedio de US$1 por barril a ese volumen, el potencial de recaudación superaría US$20 millones diarios, una cifra que convierte al estrecho en una fuente de ingresos potencial comparable con un impuesto energético global.
El uso de criptomonedas no es casual. Irán enfrenta desde hace años un sistema de sanciones financieras liderado por Estados Unidos que limita su acceso al sistema bancario internacional y a la red de pagos globales. Las criptomonedas ofrecen una alternativa para sortear ese bloqueo.
A diferencia de las transferencias bancarias tradicionales no dependen de bancos corresponsales, no utilizan el sistema SWIFT y son más difíciles de congelar o confiscar Por ese motivo, el uso de activos digitales permite recibir pagos internacionales fuera del sistema financiero dominado por el dólar.
El peaje en criptomonedas revela una tendencia más amplia: el uso de infraestructura estratégica para reconfigurar circuitos financieros globales. El control territorial de Ormuz permite a Irán convertir un punto geográfico en un instrumento económico y político.

La posibilidad de cobrar un peaje por el tránsito en Ormuz generó fuertes cuestionamientos en el ámbito internacional. El derecho marítimo establece que los estrechos utilizados para navegación internacional deben garantizar libertad de paso para los buques comerciales. Si un país impusiera peajes o autorizaciones políticas para cruzarlos, podría sentar un precedente que afectaría otras rutas críticas del comercio mundial.
Por ese motivo, organizaciones internacionales y gobiernos occidentales consideran que el cobro de tarifas en Ormuz podría representar una violación del principio de libre navegación.
Más allá de la polémica legal, el episodio expone una transformación más profunda. Las criptomonedas —originalmente concebidas como instrumentos descentralizados— comienzan a ser utilizadas también como herramientas de política económica estatal.
A medida que crecen las tensiones geopolíticas y las sanciones económicas, los Estados comienzan a explorar nuevas infraestructuras financieras para sostener su comercio exterior. En ese escenario, la combinación de control territorial, rutas energéticas y monedas digitales podría convertirse en uno de los rasgos centrales del nuevo orden económico global.