Los pastizales, que cubren casi la mitad de la superficie terrestre, cumplen un rol estratégico: sostienen la producción de alimentos, regulan el clima y albergan una biodiversidad clave. Sin embargo, la expansión agrícola, la urbanización y la intensificación ganadera los están degradando a escala global. Frente a este escenario, investigadores del IFEVA y otras instituciones analizaron durante más de 15 años cómo distintas prácticas impactan en estos ecosistemas.
El experimento, activo desde 2008, evaluó variables críticas como la incorporación de nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio) y la exclusión de herbívoros. Los resultados son claros: no existe una solución simple basada en maximizar la producción. De hecho, las intervenciones que aumentan la biomasa vegetal suelen reducir la diversidad de especies, afectando funciones clave como la polinización o la resiliencia frente al cambio climático.

Uno de los hallazgos más relevantes cuestiona una idea extendida: retirar el ganado no siempre mejora los ecosistemas. En muchos casos, la presencia controlada de herbívoros es necesaria para sostener la biodiversidad. Esto introduce una lógica más compleja: la gestión del territorio no debe plantearse como una dicotomía entre producción y conservación, sino como un equilibrio dinámico que requiere decisiones ajustadas a cada contexto.
El estudio también advierte sobre los costos ocultos de prácticas como la fertilización intensiva sostenida, que pueden generar beneficios inmediatos en la producción pero deterioros estructurales a largo plazo. En ese sentido, los investigadores plantean la necesidad de identificar umbrales críticos, donde una mejora productiva inicial se transforma en pérdida ecológica.
En términos estratégicos, el trabajo aporta una base científica para rediseñar políticas agropecuarias: cuándo fertilizar, cuánto pastorear, cuándo dejar descansar los suelos y cómo evitar la degradación progresiva de los ecosistemas. En un contexto de cambio climático y presión sobre los sistemas alimentarios, la clave no es producir más a cualquier costo, sino optimizar múltiples variables al mismo tiempo: productividad, biodiversidad y estabilidad ambiental.