NUEVAS TECNOLOGÍAS

Publicado 04/09/2026

Dos argentinos crearon Ato, un dispositivo con IA sin pantalla pensado para adultos mayores

Nació como un experimento familiar y terminó convertido en una startup tecnológica con proyección internacional. Ato es un dispositivo desarrollado por los argentinos Juan Cereigido y Gaspar Habif que funciona únicamente mediante la voz y busca acercar la inteligencia artificial a los adultos mayores sin obligarlos a utilizar pantallas, aplicaciones o interfaces complejas.
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Nació como un experimento familiar y terminó convertido en una startup tecnológica con proyección internacional. Ato es un dispositivo desarrollado por los argentinos Juan Cereigido y Gaspar Habif que funciona únicamente mediante la voz y busca acercar la inteligencia artificial a los adultos mayores sin obligarlos a utilizar pantallas, aplicaciones o interfaces complejas.

La inteligencia artificial avanza a gran velocidad, pero no necesariamente todos pueden acceder a ella de la misma manera. Mientras celulares, aplicaciones y servicios digitales incorporan cada vez más funciones, una parte de la población continúa encontrando dificultades para utilizar incluso las herramientas tecnológicas más cotidianas.

Ese es el problema que Juan Cereigido y Gaspar Habif buscan resolver con Ato.

Los emprendedores argentinos presentaron una nueva versión de este dispositivo conversacional basado en inteligencia artificial y diseñado especialmente para adultos mayores.

La propuesta parte de una decisión sencilla: Ato no tiene pantalla y su principal interfaz es la voz.

Una persona puede hablarle para hacer consultas, recibir recordatorios, escuchar información o comunicarse con familiares sin necesidad de navegar aplicaciones, recordar contraseñas o aprender a utilizar nuevas interfaces.

El nuevo dispositivo fue diseñado en Buenos Aires y se ensambla en San Francisco, California. Antes del lanzamiento, más de 2.500 usuarios participaron de una beta cerrada durante seis meses, según informó la compañía.

 

 

Todo empezó con un abuelo

La historia detrás de Ato comenzó como un experimento personal.

Cereigido venía trabajando junto con Habif en proyectos tecnológicos —entre ellos RecordAI, un sistema de recordatorios a través de WhatsApp— cuando decidió buscar una solución para su propio abuelo.

El problema era concreto: utilizar un smartphone y diferentes aplicaciones podía resultar demasiado complejo para una persona mayor.

Cereigido desarrolló entonces un primer prototipo con una impresora 3D. La idea era construir un dispositivo que pudiera recibir instrucciones mediante la voz, conversar y recordar tareas sin depender de una pantalla.

El experimento funcionó y terminó revelando un problema mucho más amplio.

Lo que había comenzado como una solución familiar empezó a transformarse en una startup cuando Cereigido y Habif identificaron que la misma dificultad se repetía en miles de hogares: la tecnología ofrece cada vez más posibilidades, pero sus interfaces pueden convertirse en una barrera para quienes no crecieron utilizándolas.

 

Una computadora que funciona hablando

Ato puede entenderse como una computadora cuya interfaz principal es una conversación.

No hay que tocar una pantalla para utilizarlo.

El dispositivo puede recibir instrucciones mediante la voz y responder de la misma manera. Se conecta mediante Wi-Fi, soporta más de 50 idiomas y está pensado para permanecer conectado a la corriente a través de USB-C.

Entre sus funciones se encuentran crear recordatorios de medicamentos, turnos y actividades, realizar consultas cotidianas, acceder a información como noticias, clima o deportes, escuchar radio y utilizar juegos mentales sin pantalla.

También puede funcionar como puente entre el adulto mayor y su familia.

A través de una aplicación complementaria, los familiares pueden enviar mensajes, configurar recordatorios y administrar determinadas funciones de manera remota.

La lógica busca separar las dos experiencias.

El adulto mayor solamente necesita hablar. La configuración más compleja puede quedar en manos de hijos, nietos o cuidadores desde una aplicación convencional.

 

 

Mandar mensajes sin usar WhatsApp

Una de las posibilidades más interesantes de Ato es precisamente la comunicación.

El dispositivo está pensado para permitir que una persona pueda enviar mensajes utilizando solamente su voz, mientras la tecnología se encarga de convertir esa interacción en una comunicación digital.

La misma lógica se aplica a los recordatorios.

Un familiar puede programar una indicación y Ato reproducirla mediante audio cuando llega el momento correspondiente.

Esto puede utilizarse para recordar una actividad, un turno o una tarea cotidiana sin exigir que la persona consulte permanentemente un teléfono.

La diferencia parece menor, pero apunta al centro del problema: eliminar pasos digitales entre la intención de una persona y la acción que quiere realizar.

 

Inteligencia artificial contra la brecha digital

El aspecto más interesante del proyecto quizás no sea la inteligencia artificial utilizada, sino la decisión de prácticamente hacerla invisible.

Durante décadas, cada nueva generación informática exigió aprender también una nueva interfaz.

Primero fueron teclados y computadoras personales. Después llegaron Internet, las cuentas de usuario, las contraseñas, los smartphones, las pantallas táctiles y las aplicaciones.

La inteligencia artificial conversacional abre otra posibilidad.

Si hablar se convierte en la interfaz, una persona puede acceder a capacidades digitales sin necesariamente tener conocimientos digitales.

Ese concepto coloca a Ato dentro de un mercado tecnológico en crecimiento conocido como AgeTech, enfocado en desarrollar soluciones para las necesidades asociadas al envejecimiento de la población.

El cambio de paradigma es relevante: en lugar de exigir que el usuario aprenda a utilizar la tecnología, la tecnología intenta adaptarse a una conducta que el usuario ya conoce: conversar.

 

El proyecto consiguió respaldo de referentes tecnológicos argentinos

Ato también comenzó a despertar interés entre empresarios e inversores vinculados al ecosistema tecnológico.

La startup consiguió una ronda presemilla cercana a US$1 millón, con participación de referentes argentinos como Guillermo Rauch, fundador de Vercel; Matías Woloski, cofundador de Auth0; y Mario Pergolini.

El vínculo de Pergolini con el proyecto también surgió de una experiencia personal.

El empresario había comenzado a explorar herramientas tecnológicas que pudieran ayudar a adultos mayores después de las dificultades que atravesó su madre al perder la visión. Cuando conoció el desarrollo de Cereigido y Habif encontró puntos de contacto entre ambas búsquedas y decidió acompañar el proyecto.

El financiamiento permitió que una idea nacida alrededor de una necesidad familiar comenzara a convertirse en un producto con ambiciones globales.

 

De Buenos Aires a San Francisco

Ato refleja además una tendencia que atraviesa a buena parte del nuevo ecosistema emprendedor argentino: tecnología desarrollada localmente pero pensada desde el comienzo para competir internacionalmente.

La compañía destaca que el dispositivo fue diseñado en Buenos Aires y es ensamblado en San Francisco, California.

El nuevo modelo mide aproximadamente 14 centímetros por lado, pesa alrededor de 650 gramos y la empresa prevé comenzar sus envíos durante diciembre de 2026.

El precio regular anunciado es de US$179, aunque la compañía lanzó promociones para las primeras reservas.

El modelo comercial contempla además funciones básicas y servicios adicionales mediante suscripción.

 

 

El desafío de la privacidad

Un dispositivo de inteligencia artificial pensado para permanecer dentro de una casa y conocer rutinas familiares también abre una discusión inevitable: qué ocurre con la privacidad y los datos de sus usuarios.

La empresa asegura que la información personal está cifrada y que las conversaciones de los usuarios permanecen privadas. También afirma trabajar bajo estándares internacionales de seguridad y privacidad.

Sin embargo, la cuestión será especialmente sensible para este tipo de productos.

Cuanto mayor sea la capacidad de un asistente para conocer rutinas, recordatorios y conversaciones, mayor será también la necesidad de garantizar transparencia sobre qué información recopila, dónde se almacena y cómo se utiliza.

Existe además otro límite importante: una herramienta de inteligencia artificial de estas características puede ayudar con recordatorios o información cotidiana, pero no debe confundirse con un dispositivo médico ni sustituir la intervención de profesionales o familiares ante una emergencia.

 

Una innovación basada en eliminar tecnología

La paradoja de Ato es que una de sus principales innovaciones consiste en quitar elementos.

No tiene pantalla. No requiere teclado. No obliga al adulto mayor a navegar aplicaciones.

Buena parte de la complejidad tecnológica ocurre detrás de una acción que cualquier persona conoce desde mucho antes de que existieran las computadoras: hablar.

Ese enfoque apunta a uno de los grandes desafíos que enfrenta actualmente la industria.

Cada generación tecnológica amplía las posibilidades disponibles, pero también puede aumentar la distancia con quienes no consiguen adaptarse a las nuevas interfaces.

Ato propone invertir esa lógica: en lugar de enseñarles a los adultos mayores cómo utilizar una computadora, intenta conseguir que la computadora aprenda a comunicarse con ellos.

Y detrás de un dispositivo nacido para ayudar a un abuelo aparece una discusión mucho más grande.

La inteligencia artificial podría servir no solamente para crear nuevas capacidades, sino también para devolverles acceso a la tecnología a quienes fueron quedando afuera de las anteriores.