Un equipo de la Universidad Nacional del Sur, el CONICET y las universidades de Oxford y Oxford Brookeslogró determinar cómo el cannabidiol interactúa con el receptor alfa-7, una molécula clave para la comunicación entre las neuronas.
La investigación fue encabezada por el bioquímico argentino Juan Facundo Chrestia, junto con Cecilia Bouzat y científicos británicos. El trabajo fue publicado en junio de 2026 en PNAS, una de las revistas científicas más importantes del mundo.

El receptor alfa-7 participa en procesos vinculados con la memoria, el aprendizaje, la atención y el control de la inflamación. También es estudiado por su relación con enfermedades como el Alzheimer y trastornos como la esquizofrenia.
Mediante técnicas de electrofisiología, simulaciones moleculares y mutaciones dirigidas, los investigadores identificaron la región donde actúa el CBD y comprobaron que pequeños cambios en la estructura del receptor pueden modificar sus efectos.
El hallazgo no representa un tratamiento disponible ni demuestra que consumir cannabidiol prevenga enfermedades. Sin embargo, podría servir como base para desarrollar fármacos más precisos capaces de regular el receptor alfa-7.

Semanas después de la publicación, la beca posdoctoral de Chrestia terminó y no fue prorrogada por el CONICET. El científico quedó entre los 379 becarios cuya relación institucional concluyó el 31 de julio de 2026.
Según un comunicado de un instituto del CONICET, el organismo decidió no extender las becas hasta que se conozcan los resultados del ingreso a la Carrera del Investigador, previstos para agosto de 2027.
“Ahora me quedé sin la beca y no me puedo dedicar todo el tiempo a la investigación porque tengo que hacer otras cosas para subsistir”, explicó Chrestia.
El caso muestra una de las principales contradicciones del sistema científico argentino: el Estado invierte durante años en formar investigadores especializados, pero no garantiza la continuidad de sus carreras, incluso después de producir conocimientos reconocidos internacionalmente.