Con una valoración objetivo de 1.750.000 millones de dólares y una recaudación prevista de 75.000 millones, la compañía fundada por Elon Musk en 2002 abandona el universo privado después de 24 años y se convierte, desde su primer día de cotización, en una de las diez empresas más valiosas del mundo.
El número que define la operación es U$S 135. Ese es el precio de emisión por acción. A ese valor, la capitalización bursátil inicial de SpaceX se ubica en aproximadamente 1,75 billones de dólares, con una recaudación esperada de hasta 75.000 millones. Para dimensionarlo: Saudi Aramco, que hasta hoy sostenía el récord de la mayor IPO de la historia, recaudó 29.400 millones de dólares en 2019. SpaceX lo triplica.

SpaceX no es solo cohetes. La compañía organiza su actividad en tres grandes segmentos: servicios de lanzamiento mediante los cohetes Falcon 9, Falcon Heavy y el desarrollo de Starship; la red de internet satelital Starlink, que constituye la mayor constelación de satélites del mundo; y contratos de defensa e infraestructura espacial con clientes gubernamentales y de seguridad.
El motor financiero real se llama Starlink. El servicio representa dos tercios de las ventas del primer trimestre de 2026 y es el único segmento que genera caja de manera consistente. Los otros dos, en cambio, consumen capital a una velocidad que explica buena parte de los números rojos de la empresa.
En 2025, SpaceX registró una pérdida neta contable de 4.940 millones de dólares, frente a un beneficio de 791 millones en 2024. El giro a pérdidas no proviene del negocio espacial, sino de la consolidación de xAI. La mitad del gasto de capital de ese año, unos 20.740 millones de dólares en total, se volcó a infraestructura de inteligencia artificial. Es la apuesta más cara —y más controversial— de la empresa.

El proceso formal arrancó el 1 de abril de 2026 con la presentación confidencial del formulario S-1 ante la SEC. En mayo se publicó el prospecto, el 4 de junio arrancó el roadshow, el 11 de junio se fijó el precio definitivo y el 12 de junio marca el primer día de transacción en el Nasdaq.
Una característica diferencial: SpaceX decidió democratizar el acceso. La empresa reservó aproximadamente el 30% de sus acciones públicas para inversores minoristas individuales, en lugar del 5% al 10% habitual en operaciones de esta escala. La decisión refleja una estrategia deliberada para capitalizar la comunidad de seguidores construida en más de dos décadas.
La demanda superó cualquier expectativa. El interés acumulado durante el proceso de colocación superó los U$S 250.000 millones, lo que implica una sobredemanda de más de tres veces sobre los 75.000 millones buscados.
La escala de SPCX no es solo noticia financiera. Es un evento estructural para los mercados. Una vez admitida en el Nasdaq, los fondos que replican los principales índices —incluyendo el QQQ y las suites Russell— deberán comprar acciones de manera mecánica, amplificando la demanda más allá del interés individual de cada inversor.
La IPO de SpaceX se ve como un indicador para otras mega-salidas a bolsa esperadas a finales de 2026 y 2027. Las empresas en los sectores de inteligencia artificial y fabricación avanzada observan de cerca el debut de SPCX para medir el apetito del mercado por proyectos de alta valoración y visión de futuro. Si el debut resulta exitoso, podría reabrir la ventana para que grandes empresas tecnológicas que permanecen en el mercado privado den el paso a la cotización pública.
El impacto tecnológico también se extiende al ecosistema de proveedores. Fabricantes de satélites, operadores de lanzamientos comerciales más pequeños y empresas de aplicaciones basadas en conectividad satelital pueden recibir tracción adicional por el efecto de visibilidad que genera un activo de esta magnitud en el mercado.

La respuesta corta es sí, aunque con matices. Acceder al precio de colocación de la IPO de manera directa es muy difícil, ya que las restricciones regulatorias de la SEC limitan la participación en la oferta inicial a inversores institucionales o calificados con grandes patrimonios en Estados Unidos.
Sin embargo, una vez iniciada la negociación en el mercado secundario, plataformas como IOL invertirOnline o Balanz permiten fondear cuentas para operar activos estadounidenses y comprar acciones de SpaceX en Wall Street. Otra posibilidad es el Entrepreneur Private-Public Crossover ETF (XOVR), cuyo CEDEAR permite invertir desde Argentina en pesos o dólares y obtener exposición indirecta a SpaceX.
Sobre la posibilidad de un CEDEAR directo de SPCX, el analista Gustavo Neffa señaló el 4 de junio que ByMA estaba trabajando en su emisión. Consultada por La Nación, ByMA no confirmó ni desmintió la información, indicando que “trabajan de manera permanente para impulsar el crecimiento y la evolución del mercado de capitales”. De concretarse, sería el instrumento más accesible para el pequeño inversor local.
Lo que ocurra hoy en el Nasdaq será mucho más que la apertura de una acción. Es el primer precio público de un proyecto que aspira a llevar centros de datos al espacio, conectar el planeta con internet satelital y colonizar Marte. La historia dirá si esa visión justificaba U$S 135 por acción. Por ahora, el mercado ya respondió: la demanda triplicó la oferta antes del primer pitazo.