Ambas compañías llegan con una característica en común: una escala financiera sin precedentes para empresas privadas. Pero también con diferencias profundas en su estructura de poder, en su dependencia de socios estratégicos y en la forma en que construyeron su crecimiento.
OpenAI arriba a ese posible debut bursátil con una montaña de capital detrás. Entre abril de 2024 y abril de 2026, la empresa reunió cerca de USD 168.600 millones considerando sus principales operaciones: la ronda de USD 6.600 millones de octubre de 2024, los USD 40.000 millones anunciados en marzo de 2025 y los USD 122.000 millones de capital comprometido informados en marzo de 2026. Si se toma además el cierre efectivo reportado por Reuters para la ronda de 2025, la cifra supera los USD 169.000 millones.
La evolución de esa estructura financiera también muestra un cambio de época. Primero fueron fondos de venture capital y socios tecnológicos; después, el peso pasó a SoftBank Group, que según Reuters asumió alrededor de USD 30.000 millones directos dentro de la gran ronda de 2025. A eso se suman jugadores como Microsoft, NVIDIA, MGX, TPG, Fidelity, Coatue, Andreessen Horowitz y Thrive Capital, que fue uno de los primeros grandes inversores con un ticket inicial de USD 1.200 millones.

La fortaleza de OpenAI está en esa capacidad de atraer capital de todos los frentes: fondos privados, corporaciones tecnológicas, capital soberano e incluso inversores individuales de alto patrimonio. Pero ese mismo volumen también expone su principal desafío: sigue siendo una empresa que necesita enormes cantidades de dinero para sostener su infraestructura, especialmente en centros de datos, chips y capacidad de inferencia. Una IPO no sería solo una señal de madurez, sino una necesidad estructural para financiar su siguiente etapa.
Anthropic, en cambio, construyó su ascenso por otra vía. Su piso verificable de financiamiento entre 2024 y 2026 ronda los USD 49.200 millones, con la Serie E de USD 3.500 millones en marzo de 2025, la Serie F de USD 13.000 millones en septiembre de ese año y la gigantesca Serie G de USD 30.000 millones en febrero de 2026, que llevó su valuación post-money a USD 380.000 millones.
A eso se suma el respaldo de Amazon y Google. Amazon reveló en su 10-K nuevas notas convertibles por USD 2.700 millones, mientras que Google avanzó con más de USD 1.000 millones reportados en 2025 y un nuevo compromiso inicial de USD 10.000 millones en 2026, con posibilidad de ampliación. Si se consideran esos montos anunciados y contingentes, el total potencial supera ampliamente los USD 100.000 millones.
Esa diferencia es clave: mientras OpenAI exhibe una base de capital más diversificada, Anthropic depende mucho más de dos gigantes que son, al mismo tiempo, inversores, socios de infraestructura cloud y actores bajo fuerte observación regulatoria. Para Wall Street, eso puede ser una fortaleza o una vulnerabilidad. La pregunta será si Anthropic puede consolidarse como una compañía independiente o si el mercado la percibe como una extensión estratégica de AWS y Google Cloud.
Otro punto central en la construcción de valor está en los contratos con gobiernos. La IA dejó de ser solamente un negocio corporativo y pasó a formar parte de la infraestructura estratégica de los Estados.

OpenAI anunció un acuerdo con el Department of Defense de Estados Unidos con un techo de USD 200 millones y avanzó además en asociaciones con el Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos, Japón, Noruega, Grecia y Australia. La lógica detrás de estos movimientos es clara: posicionarse como proveedor de “IA soberana”, un concepto cada vez más relevante para gobiernos que no quieren depender exclusivamente de proveedores externos sin control estratégico.
Anthropic también avanzó en esa dirección con un contrato de hasta USD 200 millones con Defensa de Estados Unidos, acceso federal vía GSA, acuerdos con Maryland, Islandia, Ruanda y Australia. Aunque estos montos son pequeños frente a las rondas privadas, su peso simbólico y político es mucho mayor: validan seguridad, compliance y capacidad de operar en entornos altamente regulados.
La discusión de una salida a bolsa, entonces, no pasa solo por cuánto dinero levantaron, sino por qué historia pueden contar. OpenAI llega con más caja, más ambición sistémica y una posición dominante en la conversación global sobre IA generativa. Pero también arrastra la complejidad de una gobernanza atípica, el antecedente de la crisis institucional de 2023, disputas regulatorias sobre competencia y copyright, y una necesidad de capital que parece no tener techo. Su rango pre-IPO razonable podría ubicarse entre USD 300.000 millones y USD 450.000 millones.
Anthropic tiene una valuación privada más reciente y explícita —USD 380.000 millones— y una narrativa más enfocada en seguridad, enterprise y producto. Pero enfrenta un problema distinto: demostrar que puede crecer sin quedar atrapada dentro del poder de Amazon y Google. Su rango probable de salida podría moverse entre USD 340.000 millones y USD 420.000 millones.
En ambos casos, el destino del capital sería similar: más centros de datos, más chips, más capacidad de inferencia, expansión internacional y ventas corporativas. La diferencia estará en quién logra convencer primero al mercado de que la Inteligencia Artificial no es solo la próxima gran revolución tecnológica, sino también una empresa capaz de sostener márgenes, gobernanza y crecimiento en el largo plazo. La próxima gran señal será el momento en que Wall Street decida cuánto vale realmente el futuro de la Inteligencia Artificial.