La inteligencia artificial tendrá un espacio relevante en la Asamblea General de las Naciones Unidas, aunque probablemente no aparezca de la misma manera en los discursos de Donald Trump, Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva. Los tres presidentes llegan a Nueva York con posiciones diferentes sobre la regulación, el papel del Estado y la autoridad que debería tener la ONU para intervenir en el desarrollo tecnológico.
La discusión formal será sobre seguridad, innovación y cooperación internacional. Sin embargo, el debate de fondo será mucho más concreto: si la inteligencia artificial debe avanzar bajo reglas globales, si esas normas deben quedar en manos de cada país o si cualquier intento de regulación terminará favoreciendo a China y frenando la inversión occidental.
El contexto internacional aumentó la importancia del tema. António Guterres advirtió que los avances de la IA están superando la capacidad de control de los gobiernos y reclamó una supervisión internacional más sólida. Trump, en cambio, sostuvo que Estados Unidos ya cuenta con herramientas suficientes para actuar contra eventuales abusos y consideró que las advertencias exageradas podrían beneficiar a China.

Milei: desregular para convertir a la Argentina en un polo tecnológico
En el caso de Javier Milei, la referencia a la inteligencia artificial parece prácticamente confirmada. Según el anticipo publicado por Infobae, el mandatario dedicará parte de su discurso a defender la desregulación de la tecnología y solicitará que la ONU no impulse normas que puedan limitar su desarrollo.
La posición no representa una novedad, sino la continuidad de una estrategia que Milei viene construyendo desde sus primeros encuentros con empresarios de Silicon Valley. El presidente sostiene que una regulación anticipada puede impedir innovaciones cuyos alcances todavía no se conocen y favorecer a los países o empresas que decidan ignorar esas restricciones.
Su razonamiento combina una defensa ideológica de la libertad económica con un objetivo concreto: presentar a la Argentina como un territorio atractivo para desarrollar modelos, instalar centros de datos y experimentar con nuevas aplicaciones. Milei ya declaró que pretende convertir al país en un “hub de inteligencia artificial”.
La probable intervención ante la ONU le permitiría internacionalizar esa propuesta. Argentina buscaría diferenciarse de la Unión Europea y de los países que impulsan marcos regulatorios preventivos, ofreciendo un entorno con menos barreras legales.
Sin embargo, el planteo enfrenta una contradicción. Milei reconoce que la IA puede representar riesgos cuando se encuentra en manos de gobiernos autoritarios, pero considera que restringirla podría fortalecer precisamente a esos actores. Su respuesta no sería crear una autoridad mundial con capacidad de control, sino acelerar la innovación dentro de países abiertos y alineados con Occidente.
Trump: la IA como competencia estratégica con China
Donald Trump podría utilizar la Asamblea para presentar la inteligencia artificial como una cuestión de seguridad nacional, liderazgo económico y competencia con China.
Durante las últimas semanas, el mandatario estadounidense rechazó los pedidos para frenar o ralentizar los modelos más avanzados. Su argumento es que cualquier pausa unilateral dejaría espacio para que China reduzca la distancia tecnológica con Estados Unidos. Esa posición lo enfrenta con Guterres y también con empresarios del propio sector que reclaman evaluaciones independientes y mecanismos internacionales de seguridad.
Por eso, Trump probablemente no se oponga a toda forma de coordinación. La distinción central estará entre una regulación política que pueda limitar a las empresas estadounidenses y el establecimiento de estándares técnicos compatibles con los intereses de Washington.
OpenAI, por ejemplo, pidió que Estados Unidos lidere la creación de estándares internacionales para evaluar los modelos de frontera, medir sus capacidades y comunicar incidentes. La propuesta intenta construir reglas comunes sin entregar el control de ese proceso a una autoridad supranacional.
Trump podría defender una fórmula basada en innovación acelerada, liderazgo estadounidense y controles específicos sobre los usos considerados peligrosos. En esa visión, la ONU sería un espacio de negociación, pero no necesariamente el organismo encargado de autorizar, auditar o limitar el desarrollo de los sistemas más potentes.
Su discurso también estará condicionado por la reunión con Xi Jinping. Estados Unidos y China compiten por el liderazgo tecnológico, pero comparten inquietudes sobre la posibilidad de que sistemas muy avanzados queden fuera del control humano. La dificultad consiste en separar la cooperación sobre seguridad de las negociaciones por chips, centros de datos y restricciones comerciales.

Lula: regulación global y soberanía tecnológica
Lula llegará con una posición casi opuesta. El presidente brasileño viene reclamando una regulación internacional fuerte y liderada por Naciones Unidas. Días antes de la Asamblea afirmó que las reglas deberían ser globales y “duras”, al tiempo que defendió la necesidad de que Brasil desarrolle tecnologías propias y no dependa exclusivamente de modelos extranjeros.
Su enfoque combina regulación, soberanía digital y desarrollo. Para Lula, el problema no se limita a los posibles errores o usos maliciosos de la IA. También incluye la concentración de datos, infraestructura y algoritmos en un pequeño grupo de compañías estadounidenses y chinas.
En su discurso ante la ONU de 2024 ya había reclamado una inteligencia artificial “emancipadora”, con el rostro del Sur Global y respetuosa de la diversidad cultural. También sostuvo que todos los Estados deberían participar de su gobernanza. En 2025 volvió a respaldar una arquitectura multilateral alineada con el Pacto Digital Global.
Es probable que este año profundice esa línea y vincule la IA con la desigualdad económica, el empleo, la regulación de las grandes plataformas y el derecho de los países en desarrollo a construir capacidades propias. Para Brasil, la gobernanza global no debería limitarse a controlar riesgos: también tendría que facilitar acceso a infraestructura, transferencia tecnológica y representación política.
Una coincidencia parcial entre Trump y Milei
Trump y Milei coincidirán en cuestionar una regulación internacional capaz de frenar la innovación. Ambos consideran que una excesiva intervención estatal podría favorecer a competidores menos transparentes y desalentar las inversiones.
Pero sus posiciones no son idénticas. Estados Unidos posee las empresas, los chips y buena parte de la infraestructura que sostiene la revolución de la IA. Su prioridad es conservar esa ventaja. Argentina, en cambio, busca atraer inversiones y encontrar un lugar dentro de una cadena tecnológica que todavía controla muy poco.
Milei ofrecería desregulación para ingresar al mercado. Trump defenderá el liderazgo estadounidense para dominarlo.
Lula se ubicará en el otro extremo. Su intención será impedir que las reglas internacionales sean definidas solamente por Washington, Beijing y las grandes empresas tecnológicas. Brasil pretende que la ONU otorgue voz al Sur Global y que la inteligencia artificial no reproduzca las desigualdades existentes.
La ONU frente a una disputa por el poder tecnológico
La Asamblea no resolverá estas diferencias, pero puede consolidar los tres modelos que competirán durante los próximos años.
El primero, representado por Trump, prioriza la supremacía tecnológica y acepta estándares internacionales siempre que no debiliten la capacidad estadounidense. El segundo, defendido por Milei, apuesta por la desregulación como herramienta para atraer innovación. El tercero, impulsado por Lula, reclama gobernanza multilateral, soberanía tecnológica y mecanismos de redistribución de los beneficios.
La ONU ya puso en marcha un Diálogo Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial, concebido como un ámbito de discusión y no como la negociación inmediata de un tratado vinculante. Esa limitación explica buena parte del conflicto: mientras Guterres busca convertir a Naciones Unidas en el centro de la gobernanza mundial de la IA, las grandes potencias y las empresas tecnológicas avanzan con acuerdos y estándares propios.
Por eso, las menciones de Trump, Milei y Lula no serán simples referencias a una tecnología de moda. Expondrán tres respuestas diferentes frente a una pregunta central del nuevo orden internacional: si la inteligencia artificial será gobernada colectivamente o si sus reglas quedarán determinadas por los países y las compañías que logren desarrollarla primero.