INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Publicado 15/08/2026

De Vaca Muerta a la inteligencia artificial: la hoja de ruta industrial que propone Techint

El trabajo elaborado por Bernardo Kosacoff y Diego Coatz sostiene que Vaca Muerta, el litio y el cobre abren una oportunidad histórica para la Argentina. Dicen que las inversiones no producirán desarrollo por sí solas: deberán generar proveedores locales, innovación, software y empleo calificado.
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El trabajo elaborado por Bernardo Kosacoff y Diego Coatz sostiene que Vaca Muerta, el litio y el cobre abren una oportunidad histórica para la Argentina. Dicen que las inversiones no producirán desarrollo por sí solas: deberán generar proveedores locales, innovación, software y empleo calificado.

Un informe impulsado por Techint plantea que la Argentina podría ingresar en una nueva etapa de crecimiento gracias a sus recursos energéticos y minerales, aunque advierte que la extracción y exportación de materias primas no serán suficientes. El verdadero desafío será utilizar esas inversiones para ampliar las capacidades tecnológicas e industriales del país.

El trabajo, titulado Transformar la urgencia en oportunidad: industria, capacidades productivas y desarrollo en la Argentina, fue elaborado por los economistas Bernardo Kosacoff y Diego Martin Coatz. El documento destaca el potencial de Vaca Muerta, la minería de litio y cobre, la agroindustria y la bioeconomía, pero sostiene que su aporte será mucho mayor si se traduce en proveedores argentinos, ingeniería, bienes de capital, software e innovación.

La posición resulta especialmente relevante porque proviene del entorno de Techint, uno de los principales grupos industriales de la Argentina y un actor directamente relacionado con las cadenas del acero, la energía, la infraestructura y Vaca Muerta. El informe introduce así una discusión central para el futuro productivo: cómo evitar que las grandes inversiones energéticas y mineras operen como enclaves aislados del resto de la economía.

Exportaciones por US$75.000 millones

El documento proyecta que las exportaciones netas de energía podrían alcanzar los US$44.000 millones en 2035, mientras que la minería aportaría otros US$31.000 millones. En conjunto, ambos sectores generarían alrededor de US$75.000 millones anuales.

Ese volumen permitiría aumentar de manera significativa el ingreso de divisas y reducir una de las restricciones históricas de la economía argentina. Sin embargo, el informe de Techint remarca que la magnitud exportadora no alcanza para garantizar un proceso de desarrollo.

La expansión de Vaca Muerta y de la minería debería dar origen a un ecosistema nacional de empresas vinculadas con la metalmecánica, la siderurgia, la ingeniería, los servicios digitales y la fabricación de componentes críticos. El objetivo es capturar una mayor proporción del valor generado y convertir los recursos naturales en una plataforma de aprendizaje tecnológico.

 

 

El gas de Vaca Muerta, por ejemplo, no debería destinarse únicamente a la exportación sostiene el informe de la empresa de Paolo Rocca. También podría utilizarse para desarrollar complejos industriales vinculados con la producción de urea, fertilizantes y productos petroquímicos, con impacto sobre las exportaciones, los proveedores nacionales y la productividad agroindustrial.

La paradoja del costo energético

El informe señala una contradicción importante: aunque la Argentina posee una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo, la industria todavía enfrenta costos eléctricos elevados. La energía para el sector productivo cuesta aproximadamente US$107 por MWh, frente a US$52 por MWh en Estados Unidos.

En otras palabras, el costo de la electricidad industrial argentina duplica al estadounidense. Esto demuestra que tener gas y petróleo no garantiza automáticamente disponer de energía competitiva. Para cerrar esa brecha se necesitan inversiones en generación, transporte, redes eléctricas e infraestructura.

La reducción de los costos energéticos será fundamental para que las empresas puedan incorporar tecnología, ampliar plantas y competir internacionalmente. También se requerirá previsibilidad regulatoria, porque las inversiones industriales se deciden sobre horizontes largos y necesitan reglas estables.

El trabajo considera que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) constituye un avance para atraer proyectos estratégicos, especialmente en gas natural licuado, minería e infraestructura.

Según las cifras oficiales citadas, hasta junio de 2026 el régimen había registrado 26 proyectos aprobados por US$29.892 millones y otros 25 proyectos en evaluación por US$111.037 millones. El volumen muestra la escala de la oportunidad, pero la inversión efectiva todavía es menor porque los proyectos se encuentran en diferentes etapas.

El documento advierte que las condiciones para impulsar proveedores nacionales y actividades de investigación y desarrollo son limitadas. El RIGI establece una participación mínima del 20% de bienes y obras de origen local, siempre que exista oferta disponible, pero el resultado dependerá de su reglamentación y fiscalización.

Para los autores, se necesita una coordinación más precisa entre el Estado nacional, las provincias, las grandes compañías y las pequeñas y medianas empresas. Sin esa articulación, las inversiones podrían generar exportaciones y divisas, pero tener un efecto reducido sobre la estructura tecnológica argentina. La advertencia también alcanza al denominado “Súper RIGI”, pensado para atraer inversiones superiores a US$1.000 millones en actividades tecnológicas que prácticamente no existen en el país o todavía tienen un desarrollo incipiente.

 

 

Entre los sectores mencionados aparecen los centros de datos para inteligencia artificial, semiconductores, computación de alto desempeño, robótica, tecnologías cuánticas, biotecnología avanzada, infraestructura digital e industria nuclear de nueva generación.

El informe sostiene que la llegada de estas inversiones sería positiva, pero alerta sobre el riesgo de crear enclaves altamente sofisticados y desconectados del entramado nacional. Un centro de datos, por ejemplo, puede demandar grandes cantidades de energía y recibir importantes beneficios fiscales sin necesariamente impulsar empresas argentinas de software, universidades, startups o fabricantes locales de componentes. Para evitarlo, los incentivos deberían incorporar compromisos concretos de transferencia tecnológica, formación de talento, contratación de proveedores nacionales e inversión en investigación y desarrollo. 

Techint también pone el foco en la transformación tecnológica dentro de las plantas industriales. La digitalización y la inteligencia artificial pueden mejorar la eficiencia, reducir tiempos de producción, anticipar fallas, elevar la calidad y acelerar la innovación.

Las estimaciones recogidas por el trabajo señalan que estas herramientas podrían incrementar la productividad laboral industrial en 1,2 puntos porcentuales por año y transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo mediante la reorganización y automatización de tareas. El impacto, sin embargo, no será inmediato ni automático. Actualmente, solamente una de cada tres empresas argentinas invierte en inteligencia artificial. La adopción depende de la capacidad para ordenar procesos, recopilar datos, capacitar trabajadores y adaptar los modelos de negocio.

El informe propone desarrollar programas de asistencia tecnológica para las pymes, fortalecer la formación en disciplinas STEM y promover perfiles híbridos que combinen conocimientos técnicos, habilidades digitales y comprensión de los procesos productivos.

Tecnología para consumir menos energía

La modernización industrial también deberá incorporar sistemas de gestión energética, sensores y tecnologías de monitoreo. Estas herramientas permiten identificar consumos ineficientes, automatizar procesos y reducir los costos de producción.

La eficiencia energética y la descarbonización ya no son solamente objetivos ambientales. También se están convirtiendo en requisitos para ingresar a cadenas internacionales que exigen información verificable sobre la huella de carbono de los productos. Una industria que no pueda medir y reducir sus emisiones corre el riesgo de perder mercados. Por eso, el informe vincula directamente la incorporación de tecnología con la competitividad exportadora.

El documento señala que el país destina solamente el 0,5% de su PBI a investigación y desarrollo. Cerca del 70% de ese esfuerzo corresponde al sector público y apenas el 30% al privado, una proporción inversa a la registrada en las economías industriales avanzadas. Pese a ese escenario, la industria manufacturera representa el 54% de la inversión privada argentina en I+D. Para Techint, este dato confirma que el sector industrial sigue siendo el principal vehículo para transformar conocimiento científico en productos, procesos y exportaciones.

La Argentina cuenta con organismos como el CONICET, el INTI, el INTA, la CNEA, la CONAE y la Agencia I+D+i, además de capacidades destacadas en las industrias nuclear, satelital, farmacéutica y biotecnológica. El problema no sería la ausencia de conocimiento, sino su insuficiente articulación con las necesidades de las empresas.

La conclusión del informe es que la Argentina no debe elegir entre recursos naturales e industria. La estrategia debería integrar ambos mundos: utilizar la energía, la minería y la agroindustria para financiar e impulsar nuevas capacidades productivas. Desde la perspectiva presentada por Techint, Vaca Muerta, el cobre y el litio pueden generar las divisas que necesita el país, pero el desarrollo dependerá de cuánto valor nacional se construya alrededor de esos recursos.

 

Fuente: Transformar la urgencia en oportunidad: industria, capacidades productivas y desarrollo en la Argentina.