El Gobierno nacional oficializó la designación de Adriana Baravalle como secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, en reemplazo de Darío Genua.
El nombramiento quedó establecido mediante el Decreto 730/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y publicado en el Boletín Oficial.
A diferencia de otros funcionarios que llegaron al área desde la administración de empresas o la gestión corporativa, Baravalle construyó su perfil alrededor de la investigación, la docencia universitaria y la aplicación de tecnologías emergentes. Su trayectoria abarca inteligencia artificial, ciencia de datos, seguridad informática, interoperabilidad y gobierno de datos.

Baravalle es magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Austral y cuenta con un doctorado en Inteligencia Artificial realizado en Estados Unidos. Además, continúa su formación como doctoranda en Ingeniería en la Universidad Austral.
Su especialización se extiende a áreas de creciente importancia estratégica para los Estados y las empresas. Realizó estudios de posgrado en criptología, planeamiento estratégico, gestión de riesgos y ciberseguridad de infraestructuras críticas nucleares. Esta última formación tuvo lugar en el marco del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Hasta su designación se desempeñaba como directora del Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral, institución con la que mantiene una relación profesional desde 1998. Allí impulsó investigaciones y proyectos de aplicación tecnológica, especialmente en sectores como la salud y el agro.
En la Facultad de Ingeniería de esa universidad también fue profesora asociada e investigadora en los departamentos de Informática e Inteligencia Artificial. Entre las asignaturas vinculadas con su actividad se encuentran Inteligencia Artificial Generativa, Visión Computacional y Seguridad Informática, según el perfil publicado por la institución.

Uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria es que su experiencia no se limita al ámbito académico. Baravalle participó en proyectos relacionados con analítica avanzada, interoperabilidad de sistemas, gobierno de datos, seguridad de la información e implementación de inteligencia artificial en organizaciones públicas y privadas.
Desde 2017 desarrolla tareas de consultoría en transformación digital y tecnologías emergentes. También ocupó cargos vinculados con ciencia de datos y seguridad informática, una combinación especialmente valiosa para la administración pública, donde la incorporación de IA depende tanto de la calidad de la información como de la protección de los sistemas que la procesan.
En el Estado integró la Mesa de Inteligencia Artificial y Ciberseguridad, que participó entre 2016 y 2019 en la elaboración de una de las primeras estrategias nacionales argentinas sobre inteligencia artificial.
Además, trabajó como asesora en gestión tecnológica e integró el equipo responsable de las bases de datos de un proyecto de data lake del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Ese antecedente le aporta conocimiento sobre uno de los principales obstáculos para digitalizar el sector público: la información estatal suele estar distribuida entre diferentes organismos, almacenada en formatos incompatibles y administrada con niveles desiguales de calidad, actualización y seguridad.

Baravalle también es fundadora y directora académica de synapsIA, una red regional creada para conectar especialistas y promover aplicaciones de inteligencia artificial. Desde ese espacio impulsó proyectos colaborativos orientados especialmente a la salud y la producción agropecuaria.
Asimismo, participó en iniciativas como Quantum AI Hub e IA en Salud. Su producción académica y profesional incluye trabajos sobre ética de la inteligencia artificial, gobernanza de datos, ciberseguridad y criptografía poscuántica.
Este último campo busca preparar los sistemas digitales para un escenario en el que las computadoras cuánticas puedan vulnerar algunos de los mecanismos criptográficos utilizados en la actualidad. Aunque todavía se trata de una amenaza en desarrollo, organismos internacionales, gobiernos y grandes compañías ya comenzaron a migrar hacia nuevos estándares de protección.
La funcionaria también desarrolló actividades docentes en la Maestría en Ciberdefensa y Ciberseguridad de la Universidad de Buenos Aires, además de participar en programas de formación de otras instituciones argentinas y regionales.
La designación coloca al frente de la Secretaría a una profesional familiarizada con las tecnologías que probablemente definirán buena parte de la agenda estatal de los próximos años.
Sin embargo, Baravalle deberá trasladar ese conocimiento técnico a políticas públicas concretas y coordinar un sistema institucional considerablemente más amplio que un laboratorio universitario.
La Secretaría tiene responsabilidades sobre innovación tecnológica, gobierno digital, telecomunicaciones y articulación del sistema científico. Bajo su órbita se encuentran organismos estratégicos como el Conicet, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación.
Uno de sus principales desafíos será convertir su experiencia en inteligencia artificial y gestión de datos en una estrategia capaz de conectar universidades, investigadores, empresas y organismos públicos.
También deberá definir criterios para la adopción segura de inteligencia artificial dentro del Estado, garantizar la interoperabilidad de sus plataformas y fortalecer la protección de las infraestructuras críticas.
La llegada de Baravalle representa un cambio de perfil: la Secretaría pasa a estar conducida por una especialista que conoce la inteligencia artificial no solo como tendencia tecnológica, sino también desde sus dimensiones técnicas, académicas, productivas y de seguridad.
Su capacidad para transformar ese conocimiento en políticas, programas, financiamiento y resultados concretos será la principal medida de su gestión.