GOBIERNO

Publicado 22/01/2026

Meta lidera la inversión en lobby de Big Tech

Meta volvió a encabezar el ranking de gasto en lobby federal entre las grandes tecnológicas durante el último trimestre de 2025, en un contexto marcado por el avance de proyectos legislativos sobre inteligencia artificial, seguridad digital y control de plataformas. Según registros oficiales analizados por Axios, la compañía destinó alrededor de US$ 6,5 millones a actividades de lobby en Washington durante el cuarto trimestre, superando a Amazon, Google, Apple y Microsoft.
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Meta volvió a encabezar el ranking de gasto en lobby federal entre las grandes tecnológicas durante el último trimestre de 2025, en un contexto marcado por el avance de proyectos legislativos sobre inteligencia artificial, seguridad digital y control de plataformas. Según registros oficiales analizados por Axios, la compañía destinó alrededor de US$ 6,5 millones a actividades de lobby en Washington durante el cuarto trimestre, superando a Amazon, Google, Apple y Microsoft.

La inversión de Meta no solo creció respecto del trimestre anterior, sino que consolida una tendencia sostenida. Amazon se ubicó en segundo lugar con aproximadamente US$ 4,6 millones, seguida por Google con US$ 3,4 millones. Más atrás quedaron Apple y Microsoft, mientras que empresas más jóvenes del ecosistema de IA —como OpenAI, Anthropic o Nvidia— registraron niveles de gasto sensiblemente inferiores.

La agenda que moviliza estos recursos es amplia, pero tiene un eje claro. Los reportes de lobby presentados ante el Congreso muestran que las principales prioridades del sector tecnológico giran en torno a regulación de IA, seguridad online (especialmente vinculada a menores), privacidad de datos y comercio internacional de chips avanzados. En paralelo, el debate político se intensificó: solo en 2025 se presentaron cientos de iniciativas legislativas sobre IA a nivel federal y estatal, lo que disparó una reacción coordinada de las grandes plataformas.

 

Lobby legal y regulado

A diferencia de lo que ocurre en muchos países, el lobby en Estados Unidos es una actividad legal, regulada y transparente. Está amparado por la Primera Enmienda de la Constitución, que protege el derecho de ciudadanos y organizaciones a peticionar al gobierno. Para evitar abusos, la actividad se encuentra regulada principalmente por la Lobbying Disclosure Act (LDA) y sus enmiendas posteriores.

 

El lobby es regulado en EE.UU. y se basa en la primera enmienda constitucional

 

En términos prácticos, el lobby regulado implica que empresas, cámaras empresarias, ONGs o sindicatos pueden contratar lobistas profesionales o utilizar equipos internos para dialogar con legisladores y funcionarios, aportar información técnica, expresar posiciones sobre proyectos de ley y buscar influir en decisiones públicas. A cambio, están obligados a registrarse oficialmente, declarar cuánto gastan, qué temas abordan y a qué organismos o congresistas contactan. Estos informes son públicos y se actualizan de forma periódica.

El sistema no elimina las controversias, pero sí establece reglas claras: el lobby no es clandestino ni informal, sino una parte institucionalizada del proceso político estadounidense. En ese marco, el peso económico de las Big Tech se traduce en una fuerte presencia en Washington, donde algunas estimaciones indican que Meta cuenta con una densidad de lobistas equivalente a uno por cada seis miembros del Congreso.

 

 

La estrategia de influencia de Meta y otras compañías no se limita al lobby tradicional. En paralelo, el sector tecnológico ha intensificado su participación en debates estatales y electorales, financiando campañas y promoviendo marcos regulatorios más homogéneos frente a la fragmentación normativa que empieza a emerger en materia de IA.

El trasfondo es claro: la IA pasó de ser un tema técnico a un asunto central de política pública, con impacto económico, geopolítico y social. En ese escenario, el liderazgo de Meta en gasto de lobby no solo refleja su tamaño, sino también la importancia estratégica que asigna a moldear las reglas de juego del próximo ciclo tecnológico.

Para la industria y para los gobiernos, el mensaje es el mismo: la regulación de la IA no se discute en abstracto, sino en un terreno donde poder económico, información técnica y política se cruzan de manera cada vez más explícita.